Fortalecimiento de la competencia económica y los derechos universales, retos del presente mexicano

Compartir en:

Fortalecimiento de la competencia económica y los derechos universales, retos del presente mexicano

Strengthening economic competition and universal rights, challenges of the Mexican present

Rocío Huerta Cuervo[1]

Recibido: Marzo, 2047
Aceptado: Junio, 2017

 

Resumen

El documento aborda las principales características en el proceso de desarrollo de México. La tesis que se sostiene es que, en las últimas décadas, nuestro país ha venido mejorando las condiciones de vida de su población de manera paulatina, así como su vida democrática, pero no lo ha hecho a la velocidad que otros países, por subsistir estructuras institucionales que limitan el crecimiento económico, la competencia económica y la ampliación de derechos para toda su población.

Clasificación JEL: O10 – Desarrollo económico, cambio tecnológico y crecimiento. Generalidades.

Palabras clave: desarrollo institucional, competencia económica, democracia, derechos.

Abstract

This paper addresses the main characteristics of the development process in Mexico. The thesis is that, in recent decades, our country has been improving the living conditions of its population, gradually, as well as its democratic life, but has not done so at the speed that other countries, for subsisting structures institutions that limit economic growth, economic competition and the expansion of rights for all its population.

Key words: Institutional development, economic competition, democracy, rights.

Introducción

Evaluar la condición actual de nuestro país no es una tarea sencilla, ya que, como todo organismo complejo, hay múltiples variables e interrelaciones que la explican. El objetivo del presente documento es destacar las características relevantes de la situación actual de México, con el propósito de subrayar las tareas prioritarias que un gobierno y sociedad responsables deben atender en el presente y futuro inmediato.

Las políticas económicas no pueden verse al margen del contexto político, por ello en el presente texto se abordarán las características principales en esos dos ámbitos.

El documento está organizado de la siguiente manera: en un primer apartado se exponen los antecedentes históricos que han generado la fisonomía actual de nuestro país y sociedad; en el segundo, se destacan los cambios recientes que se han dado para fortalecer la libertad económica y los derechos políticos de los ciudadanos, en el tercero se resumen los retos más significativos que la sociedad mexicana y su gobierno deben asumir en el presente para poder seguir avanzando en el bienestar de la población y en la ampliación de sus derechos.

Las fuentes para la elaboración del presente documento consistieron en la revisión bibliográfica de textos sobre la historia económica y política de México, informes de organismos internacionales, así como las bases de datos de INEGI y CONEVAL para visualizar la evolución de nuestra economía, de las finanzas públicas estatales y municipales, así como la condición del rezago social.

1. Breves antecedentes

Fue hasta la revolución mexicana que el municipio fue reconocido constitucionalmente como un orden de gobierno. A pesar de que esa figura existía desde los orígenes de la nación mexicana, en el siglo XIX predominaron los poderes estatales-regionales, en disputa permanente con un gobierno central débil desde el punto de vista financiero y militar. La conquista del movimiento de independencia y de la primera Constitución Política del México (1824) Independiente, que fue dar voto a los ciudadanos varones de todo el país, pronto se vio anulada por la definición de democracia censitaria que solo otorgó el derecho de votar a las personas que pagaban impuestos y podían comprar su derecho a participar en la toma de decisiones. Los cacicazgos regionales buscaron mantener sus privilegios y dominio, a costa de los ayuntamientos y ciudadanos de las localidades (Lira, Vázquez, Serrano, & Sordo, 2010).

El mercado interno de muchas regiones del país se caracterizaba, en aquel periodo, por el dominio de formas de producción para el autoconsumo (Barcelata Ch, 2008), al lado de las cuales una incipiente industria empezó a surgir en las ciudades, con el consiguiente crecimiento de los comercios y servicios. El sector más poderoso de la economía era el sector exportador “Los capitales colocados en empresas agrícolas se dirigieron a la producción de café, cacao, algodón, vainilla y otros productos de exportación” (Ceceña, 1970, pág. 51). La demanda de materias primas, agrícolas y mineras, por parte de los países más desarrollados, sirvió como palanca para el precario desarrollo del mercado interno.

En el porfiriato, el sector exportador se fortaleció. La vecindad con la economía más poderosa del mundo, la construcción de vías de comunicación hacia el puerto de Veracruz y el Norte de la República, así como la aprobación de leyes aduaneras, sirvieron a ese propósito (Cortés, 2003). La dependencia del crecimiento económico de México, hacia la economía norteamericana, ha sido una de sus características destacadas, desde los inicios del capitalismo mexicano. Dicha situación más que expresar una visión ideológica sobre el desarrollo, ha obedecido a la cercanía geográfica y a la integración de los mercados[2].

El latifundio no fue vencido por la revolución. Durante los gobiernos de Adolfo de la Huerta, Álvaro Obregón y Calles se realizaron esfuerzos por transformar el latifundio ocioso en tierras productivas, por generar repartos agrarios de tierras de buena calidad, por transformar la gran hacienda improductiva en minifundio[3]. Se trataba, como lo menciona García Ugarte (1995) de una reforma agraria moderada[4]. El asesinato de Obregón, la renuencia de los hacendados a las políticas de reorientación de las tierras ociosas y las tres revueltas que se dieron entre 1923 y 1931(delahuertista, cristera y de Escobar), impidieron que estos proyectos avanzaran.

El apoyo que el Presidente Calles tenía del grupo denominado los rancheros, los cuales apuntalaban las propuestas de dotación de tierras de buena calidad a personas que querían explotarla comercialmente, entraba en conflicto con la necesidad de consolidación del nuevo gobierno Cardenista. Dicha situación llevó a que, en 1934, con la emisión del Código Agrario, las fuerzas más radicales del ambiente político triunfaran. Cárdenas necesitaba su apoyo para poder consolidar su gobierno. Este código ordenaba la legislación ejidal (García Ugarte, 1995), con lo cual se le dio un sentido diferente a la dotación de tierra, privilegiando la propiedad colectiva sobre la propiedad privada de los pequeños productores[5]. A partir de 1937, ya consolidado en el gobierno, el presidente Cárdenas retomó el apoyo a los pequeños propietarios, recuperando el proyecto de los gobiernos previos. (García Ugarte, 1995)6

De acuerdo con Calva (2012: 69), citado por (Cruz & Polanco, 2014, pág. 13) “durante el periodo 1940 – 1958 el PIB primario creció en promedio anual 7%, prácticamente a la misma tasa que el conjunto de la economía… mientras que de 1959 a 1981 el PIB agropecuario creció por debajo del agregado”.

El crecimiento económico elevado durante las décadas de 1940 y 1950 obedeció a diversos factores. Primero, la condición de la economía norteamericana, segundo; el impulso al crecimiento de la industria nacional y los incentivos generados por la reforma agraria, y tercero; a la limitada base productiva nacional.

Al iniciar la década de los cuarenta, México siguió exportando productos agropecuarios y petróleo (centralmente) a los Estados Unidos (Salgado, 2010), pero como este país y Europa estaban concentrados en cubrir las necesidades generadas por la guerra, su capacidad exportadora disminuyó (Vidaca, López, & Santos, 2016). Esa coyuntura generó la necesidad insustituible de promover el crecimiento industrial en nuestro país. La sustitución de importaciones tuvo ese origen. Paralelamente a ello, la decisión de proteger al mercado interno nacional y el crecimiento de la inversión pública y privada, permitieron que de 1940 a 1958 el PIB creciera en promedio en un 7% anual, como previamente se apuntó. El monto del PIB pasó (aproximadamente) de 500 mil millones de pesos en 1934, a un billón 500 mil millones en 1958.

El cambio de un país rural y con predominio del sector primario a un país urbano e industrial se dio a partir de los sesenta. Las ciudades concentraron los trabajos que demandaban mayores competencias y especialización técnica, lo cual generó mejores salarios para los trabajadores urbanos, que los obtenidos por los trabajadores del campo. Paralelo a ello, los conflictos agrarios crecieron en todo el país, miles de campesinos y ejidatarios abandonaron sus tierras, se trasladaron a las ciudades o a los Estados Unidos. Dicha situación, aunada a la concentración de los servicios educativos y de salud en las ciudades, de las actividades gubernamentales en el Distrito Federal y las capitales de los estados, así como el desgaste de la forma de organización ejidal, provocaron la caída de la producción agrícola, a partir de los años sesenta (Cruz & Polanco, 2014). En el terreno político, a partir del Cardenismo lo fundamental para el régimen político fueron las organizaciones corporativizadas por el Partido de la Revolución Mexicana (PRM), el Partido Nacional Revolucionario (PNR) y posteriormente por el PRI (Córdova, 1985). Los ciudadanos eran importantes en la medida que pertenecían a dichas agrupaciones, fuera de ella, más bien se observaban como una amenaza. El corporativismo y la centralización del poder por el presidente de la república, el cual contaba con poderes metaconstitucionales, por ser el jefe del estado y el gobierno, así como jefe de las fuerzas armadas y “jefe nato” del partido hegemónico, llevaron a marginar al orden de gobierno municipal, a pesar de su reconocimiento constitucional. Los municipios siguieron, en la gran mayoría de los casos, sometidos por los caciques locales y el aparato partidario nacional. La falta de democracia y de competencia política, así como el bajo nivel educativo de la población, fortalecieron el clientelismo político.

La década de los 70, evidenció la crisis del partido hegemónico, la falta de democracia y de derechos políticos y ciudadanos para los mexicanos, así como la gran ineficiencia y corrupción dentro del gobierno. Los mexicanos, a través de las empresas, organismos políticos y sociales, así como de los centros educativos, demandaron cambios sustanciales en la vida política, económica y social. Los ciudadanos, y personas en general, debían ser tomados en cuenta, independientemente de sus preferencias políticas. Los derechos no podían emanar de su corporativización a un partido, sino del hecho de ser mexicanos.

2. México a partir de los 90

La falta de competencia económica, el poco desarrollo del mercado interno y la existencia de un partido hegemónico, posibilitaron la monopolización de ciertas actividades económicas y procesos de concentración de la riqueza de manera extrema. La crisis del partido hegemónico y las consecuentes reformas electorales a partir de 1977, así como los procesos de desincorporación de empresas gubernamentales en la década de los ochenta, el surgimiento de organismos autónomos[6], paralelamente a la descentralización fiscal y posteriormente el tratado de libre comercio de Norteamérica, empezaron a configurar nuevas realidades locales económicas, políticas y sociales.

Veamos cada uno de estos aspectos:

En el terreno económico el valor de la producción total del país prácticamente se duplicó en los últimos 25 años, en relación a toda la historia previa de México, por su parte la población creció en un 40%, en ese periodo. En los años 40, el total de la producción alcanzaba apenas el medio billón de pesos, actualmente el PIB es mayor a los 15 billones de pesos (precios de 2008). Cuando un país inicia su proceso de construcción del mercado interno, el crecimiento de una base muy pequeña a cualquier número superior dará un salto grande. En cambio, cuando ya la base es mayor, el pasar a un nivel superior requerirá esfuerzos mayores.

Gráfica 1. Evolución del PIB de México, 1892-2016 (Miles de millones de pesos de 2008)

Fuente: (Botello, 2017)

Este crecimiento económico, en un contexto dominado por dos extremos, por un lado, la existencia de monopolios (hasta hace algunos años) y por otro, grandes segmentos del país con un mercado interno muy reducido, profundizaron las desigualdades sociales. En 1990 apenas el 12.1% de la población pertenecía a la clase media y más del 85% pertenecía a estratos pobres (INEGI , 2016).

La reforma constitucional de 1992 que reformó el artículo 27;

“partía de un principio,… a saber, que la iniciativa y la libertad para promover el desarrollo rural pasaban a manos de los productores rurales y sus organizaciones. La reforma invertía el enfoque previo que otorgaba al Estado y al Gobierno la facultad de planear y dirigir la producción en las zonas rurales.” (Warman, 2003, pág. 13).

La reforma del ejido fue la primera gran reforma estructural de los noventa, a partir de la cual, tuvieron efecto diversos cambios con el propósito de fortalecer al mercado interno. A partir de la reforma al 27 constitucional y el TLCAN, diversas regiones del campo mexicano han experimentado un crecimiento económico muy importante (3.9% promedio anual), por encima incluso del promedio de crecimiento económico nacional, que ha sido del 2.6%. (Vélez, 2017)

Gráfica 2: Exportaciones agropecuarias (millones de dólares constantes, 2016)

Fuente: México ¿Cómo Vamos? Citado por (Vélez, 2017)

Las reformas estructurales más recientes (2014)[7], dieron un paso muy transcendental en contra de las concentraciones monopólicas tanto públicas como privadas, lo cual ha favoreció a la competencia económica, aunque los retos de esta materia son grandes, todavía. Actualmente el 40% de la población pertenece a la clase media, lo que significa un salto muy importante en materia de bienestar en los últimos 25 años. Por otro lado, la evolución de las denominadas carencias sociales muestra una disminución, que aunque marginal, es importante (CONEVAL , 2016), en el último lustro.

Gráfica 3 : Evolución de las carencias sociales en México

(2010-2015)

0
10
20
30
40
50
60
70
Rezago educativo
Carencia por acceso a servicios de salud
Carencia por acceso a seguridad social
Carencia por calidad y espacios de vivienda
Carencia por acceso a servicios básicos en…
Carencia por acceso a la alimentación
2010
2012
2014
2015

Fuente: CONEVAL, 2016

La economía mexicana se caracteriza por tener un polo desarrollado (12% de los negocios del país) y por otro lado la existencia de más de 4 millones 400 mil establecimientos con menos de seis empleados (DENUE, 2017). De éstos últimos, casi dos millones son micronegocios o changarros, la gran mayoría de los cuales no pagan impuestos. Si a eso le sumamos que el 52% del territorio nacional lo componen tierras de propiedad comunal y ejidal, en los cuales el fenómeno de desistimiento fiscal es persistente (Chávez, 2014) y que el 58% de la población está empleada en empleos informales (INEGI, 2015), (FORLAC, 2014), se podrá comprender porque se sostiene que la base económica de México aún es débil. La República Mexicana no es un todo homogéneo, en su interior hay grandes contrastes que expresan, por un lado, el nivel de desarrollo del mercado interno en cada una de esas regiones, y por otro, las fortalezas institucionales que han logrado construir.

El nivel de competitividad de las regiones incide directamente en la calidad de vida de los habitantes. Mientras las regiones del Valle de México y Soledad San Luis Potosí, tienen un ingreso per cápita de 205 mil pesos anuales, en promedio, ciudades como Querétaro, Monterrey, Saltillo, Hermosillo, Aguascalientes, Durango, Puebla, Guadalajara, Cancún y Guanajuato, tienen un ingreso per cápita de 180 mil pesos. Otras como Ciudad del Carmen, Zacatecas Guadalupe, Villa de Álvarez Colima, Juárez, Mérida, Manzanillo, León Chihuahua, Tampico, Monclova, La laguna, entre otras apenas, tienen un ingreso per cápita de 124 mil pesos y en una condición más desventajosa ciudades como Tapachula, Tuxtla Gutiérrez Chiapas, Cárdenas Tabasco, Acapulco, Córdova, Tula, Chetumal, Poza Rica, Orizaba y Tulancingo apenas alcanzan un ingreso promedio entre su población trabajadora de 62 mil pesos anuales (IMCO, 2016).

Si no preguntamos a qué se deben esas grandes diferencias entre las regiones de México, la respuesta la debemos buscar en los diferentes niveles de desarrollo de las economías locales y en las diferentes capacidades institucionales de sus gobiernos y ciudadanos. Construir capacidades es “… el proceso mediante el cual las personas, organizaciones y sociedades obtienen, fortalecen y mantienen las aptitudes necesarias para establecer y alcanzar sus propios objetivos de desarrollo a lo largo del tiempo” (2009, pág. 3). Es claro que la construcción y fortalecimiento de capacidades institucionales es un proceso lento, gradual, más aún cuando la vida democrática de nuestro país es muy reciente, el nivel promedio de educación en la población no sobrepasa los 11 años de escolaridad y persisten intereses regionales y partidarios, de grupos caciquiles y grandes empresarios, así como usos y costumbres, que limitan su desarrollo.

El comercio exterior, específicamente las exportaciones hacia los Estados Unidos han sido un motor importante para el crecimiento económico de diversas regiones de México. La interdependencia económica con los Estados Unidos se ha fortalecido. Las barreras fronterizas no han sido obstáculo para integrar cadenas de valor conjuntas, muy poderosas. Nuevamente, no se trata de un asunto ideológico, sino de que el mercado integra economías, a pesar de las barreras políticas. En Europa se dice que la región del TLCAN es la más poderosa del mundo, esto es ya se nos ve como parte de una región económica, no sólo como país.

Por otro lado, la ley de coordinación fiscal que redistribuyó facultades recaudatorias entre el gobierno nacional, los estados y municipios, la disminución de barreras arancelarias a las exportaciones e importaciones como producto primero del GATT y después de los acuerdos derivados del libre comercio, especialmente del TLCAN (1994), las reformas fiscales para gravar a quien más tienen, el aumento el IVA, el cobro de más altos impuestos especiales sobre producción y servicios (2014), la mayor disciplina fiscal y la ampliación de la base tributaria, han permitido el crecimiento constante de los ingresos públicos nacionales así como los ingresos de los estados y municipios.

Hoy el estado mexicano es más sólido y fuerte que en ninguna etapa previa, porque esa recaudación ha permitido que los ingresos de estados y municipios crezcan y ha fortalecido al aparato del estado con organismos autónomos y políticas públicas que vigorizan la democracia, la transparencia de la acción gubernamental, la rendición de cuentas, la competencia económica, la información a la sociedad, los derechos humanos, la equidad de género, la defensa de los derechos de las niñas y niños, y en general, el bienestar de la sociedad. El debate entre más o menos mercado o estado, no tiene sentido.

Ambos crecen de manera paralela, ambos requieren fortalecerse.

Gráfica 4. Crecimiento del gasto público 1994-2016 (2008=100)

Fuente: SHCP, 2017

Paralelamente a lo anterior, la reforma al artículo 115 constitucional, que dio mayores facultades a los municipios para organizar su hacienda pública, paulatinamente, viene incidiendo en mejorar la recaudación propia de los estados y municipios, especialmente de aquellos que han fortalecido su mercado local, su capacidad productiva, la competitividad nacional e internacional.

Gráfica 5. Autonomía financiera, transferencias federales y financiamiento de municipios (2014)

Fuente SIMBAD, INEGI, 2014

La gráfica previa nos muestra los indicadores promedio de ingresos municipales, como lo son la autonomía financiera, las transferencias federales y el financiamiento. En esta gráfica, destacan los municipios de 7 estados de la república, que han logrado una autonomía financiera mayor al 30% (2015). Las ventajas de los cambios ocurridos a partir de los 90, no han sido semejantes para las entidades y municipios de la república, ni para sus ciudadanos. Como se puede observar estados como Chiapas, Guerrero y Oaxaca, en donde la propiedad comunal y/o ejidal es muy significativa, los niveles de autonomía financiera son muy bajos. A esto nos referimos cuando sostenemos que la institucionalidad económica (inexistencia de derechos de propiedad sobre la tierra bien definidos, alto porcentaje de empleo informal) y política (cacicazgos[8], falta de derechos individuales), de esos estados, esta correlacionada con sus bajos niveles de crecimiento económico y bienestar social.

En el terreno político, después de 1977 se realizaron 7 reformas electorales (Córdova L., 2010) ¿Qué avances han introducido dichas reformas?

Se crearon las diputaciones y senadurías de representación proporcional, para abrir cause a la pluralidad nacional. Se introdujo el financiamiento público a los partidos y espacios en los medios de comunicación para garantizar equidad en los procesos.

Se construyó un nuevo padrón electoral que significó empadronar a todo ciudadano mexicano y capacidad a los partidos de verificarlo. Las mesas directivas de casilla se conformaron y lo siguen haciendo a través de un proceso de insaculación, al margen de toda posibilidad de maniobra política. Se creó un Instituto Federal Electoral (ahora Instituto Nacional Electoral) autónomo del poder ejecutivo federal, encargado de la organización de las elecciones federales y recientemente también de las elecciones en los estados y municipios en coadyuvancia con los institutos estatales.

Se le dio al IFE (INE) la capacidad fiscalizadora sobre los gastos de los partidos políticos, facultad que paulatinamente se ha consolidado como un medio de transparencia en los procesos electorales.

Se creó el Tribunal Electoral como instancia encargada de la calificación de las elecciones de los diputados y senadores y posteriormente de la elección presidencial, así como instancia encargada de dictaminar todo tipo de impugnaciones a los procesos electorales.

El Distrito Federal tuvo su propia instancia legislativa y recientemente se convirtió en Ciudad de México, con su propia constitución.

México es un país democrático, con procesos electorales confiables, ha dejado de ser un país presidencialista, cualquier partido puede acceder a la representación en los poderes ejecutivos nacional, estatal o municipal o al poder legislativo. Las debilidades que aún enfrentan los procesos electorales tienen que ver con los gastos excesivos de los partidos políticos, con el nepotismo aún presente en la clase política, con la falta de un servicio profesional que auxilie las tareas del legislativo y, principalmente, con la existencia de estructuras partidarias débiles, las cuales son factibles de ser capturadas por intereses económicos de diversa índole o por los poderes fácticos.

En el terreno político deconstruir un sistema de partido hegemónico[9] darle fuerza democrática a los ciudadanos y a la competencia política, fortalecer a las fuerzas municipales y generar contrapesos en las regiones, no ha sido ni es un proceso sencillo. Demasiadas resistencias se han conformado para detener los cambios políticos de México. El viejo clientelismo del PRI ha sido asimilado por otros partidos.

En lo económico, la resistencia a las reformas estructurales y la defensa del viejo orden proteccionista han sido muy fuertes. Los grupos económicos con poder monopólico han estado al frente de dicha resistencia. Abrir el camino a la competencia económica, ha sido tan o más difícil que construir la competencia política.

A diferencia de los que sostienen, que la economía de mercado está en una crisis estructural, lo que podemos decir, es que el mercado y la democracia se han ido abriendo camino, paulatinamente, en todo el mundo. En las economías desarrolladas, donde el capitalismo tiene más de 150 años, se han alcanzado niveles de bienestar muy significativos (Gráfica 1).

Gráfica 6: Posición de 38 países de acuerdo al indicador “para una vida mejor”

Fuente: (OCDE, 2015)

Países que iniciaron sus procesos de industrialización a mediados del siglo pasado, entre los cuales está México, han tenido evoluciones muy diferentes (Pipitone, 1994), algunos de ellos han alcanzado niveles de bienestar comparables con las economías de mercado más antiguas. La gráfica previa muestra la condición de los países en relación con el indicador para una vida mejor” de la OCDE (2015)[10], en la cual se observa la brecha tan grande que debe caminar todavía México, en relación con los países que han alcanzado mejores niveles de bienestar. En el caso de México, la persistencia de instituciones no democráticas, ni favorecedoras de la competencia económica y las libertades individuales, así como la corrupción en diversas esferas sociales y gubernamentales, han hecho lentos los procesos de cambio y mejora de los niveles de bienestar para la población.

La globalización ha integrado a economías muy disímbolas al comercio mundial. Integrar a las regiones más pobres a niveles más altos de bienestar, no es una tarea de corto plazo, pero ha sido la economía de mercado y la competencia económica la que ha logrado sacar de la pobreza a más de 300 millones de personas en China y más de 250 en la India y paulatinamente a más personas en el continente Africano y en América. Actualmente la población en pobreza extrema a nivel mundial, por primera vez en la historia, se pronostica será menor al 10% (Banco Mundial, 2015).

Más que pensar en un nuevo modelo económico, es fundamental profundizar las políticas que lleven a fortalecer el mercado interno y las libertades individuales en México. Las desigualdades han venido disminuyendo, a pesar de lo cual persisten severas carencias en segmentos muy grandes de la población. La democracia y el mercado han permitido mitigar esas desigualdades. Esquemas teóricos que reducen los problemas de México a la confrontación entre neoliberales y prosocialistas y/o nacionalistas, desestiman los avances logrados y desvirtúan los esfuerzos que es necesario hacer para seguir engrandeciendo a México. Los cambios sociales, son incrementales (Lindblom, 1992), no hay varitas mágicas que transformen la realidad de manera voluntarista. Los cambios institucionales que deben seguirse construyendo serán la base para fortalecer el bienestar social.

Las libertades para producir, pensar, expresarse, organizarse, participar, ser elegidos a cargos de representación política, comerciar, invertir, trabajar dignamente (Sen, 2000), transitar por todo el país, vigilar y supervisar al gobierno, tienen aún severas limitaciones en nuestro país, pero ha sido en los últimos 25 años, cuando más hemos avanzado en ello.

3. Los retos actuales

En la actualidad nuestra sociedad tiene grandes retos que asumir, dentro de los que destacan:

1.- El fortalecimiento del mercado y la democracia en amplias zonas del país en las cuales no existe una institucionalidad propicia para la competencia económica y política; paralelo al fortalecimiento de la competencia económica en todas las ramas de la economía. 2.- El crecimiento del empleo formal 3.- El fortalecimiento de las capacidades institucionales de los municipios; 4.- la ampliación de los derechos a una educación de calidad y servicios de salud universales para toda la población, 5.- El combate a la corrupción y la legalización de la producción, procesamiento y distribución de drogas, 6.- Una reforma fiscal que garantice los derechos universales de calidad.

Desde la academia, no se puede dejar de mencionar que nuestras instituciones de educación superior requieren fortalecer sus políticas de vinculación con el sector empresarial y el gobierno, a través de planes y compromisos compartidos.

La coyuntura generada por la llegada de Trump a la presidencia de los Estados Unidos ha permitido exponer las fortalezas que México ha construido en las últimas décadas, pero también, ha evidenciado las limitaciones en nuestra estructura productiva y vida política y social. México continuará su proceso de integración a la región norteamericana de libre comercio y quizá en un futuro mediato, a un proceso de integración más profunda en lo económico y social.

 

 

 

Referencias

Banco Mundial, B. (4 de Octubre de 2015). Banco Mundial,. Obtenido de Pronósticos del Banco Mundial: Por primera vez la pobreza mundial se situará por debajo del 10%, y persisten grandes obstáculos para ponerle fin a más tardar en 2030: http://www.bancomundial.org/es/news/press-release/2015/10/04/world-bank-forecastsglobal-poverty-to-fall-below-10-for-first-time-major-hurdles-remain-in-goal-to-end-poverty-by2030

Barcelata Ch, H. (2008). Desarrollo industrial y dependencia económica en México (1940-1970). Jalapa.

Botello, M. A. (15 de enero de 2017). Series históricas del PIB. Obtenido de http://www.mexicomaxico.org/Voto/PIBMex.htm

Ceceña, J. L. (1970). México en la Órbita Imperial. . México: El Caballito.

Chávez, A. (2014). Desistimiento fiscal, incertidumbre y propiedad social en los municipios de México. Región y sociedad, 32-47.

CONEVAL. (11 de Febrero de 2016). CONEVAL. Obtenido de Medición de la pobreza: http://www.coneval.org.mx/Medicion/MP/Paginas/Pobreza_2014.aspx

Córdova, A. (1985). La ideología de la Revolución Mexicana. México: Era.

Córdova, L. (2010). UNAM. Obtenido de La reforma electoral y el cambio político en México: https://archivos.juridicas.unam.mx/www/bjv/libros/6/2527/17.pdf

Cortés, O. (2003). De contribuciones, tributos e imposiciones. México: Biblioteca Virtual Antorcha. http://www.antorcha.net/biblioteca_virtual/derecho/contribuciones/contribucion_indice.html.

Cruz, M., & Polanco, M. (2014). El sector primario y el estancamiento económico en México. Problemas del Desarrollo .Revista Latinoamericana de Economía [en linea], 9-33. Obtenido de El sector primario y el estancamiento económico en México.

DENUE. (12 de Febrero de 2017). INEGI. Obtenido de DENUE:

http://www.beta.inegi.org.mx/app/mapa/denue/

Expansión. (14 de Febrero de 2017). Expansión/country/economy. Obtenido de United States: http://countryeconomy.com/gdp/usa

FORLAC. (2014). FORLAC. Obtenido de El empleo informal en México: Situación actual. políticas y desafíos: http://www.ilo.org/wcmsp5/groups/public/—americas/—rolima/documents/publication/wcms_245619.pdf

García Ugarte, M. (1995). La propuesta agraria de Venustiano Carranza y los sonorenses (1915-1929).

Estudios, http://biblioteca.itam.mx/estudios/estudio/letras41/texto3/sec_1.html.

IMCO. (26 de Noviembre de 2016). IMCO. Obtenido de índice de ciudades competitivas: http://imco.org.mx/competitividad/indice-de-ciudades-competitivas-y-sustentables-2015/

INEGI. (23 de Junio de 2016). Investigación. Obtenido de CUANTIFICANDO LA CLASE MEDIA EN MÉXICO:

Un ejercicio exploratorio: http://www.inegi.org.mx/inegi/contenidos/investigacion/Experimentales/Clase_media/doc/clas e_media_resumen.pdf

INEGI. (2015). INEGI. Obtenido de PIB y cuentas nacionales : http://www.inegi.org.mx/est/contenidos/proyectos/cn/informal/

INEGI. (12 de Febrero de 2017). INEGI. Obtenido de SIMBAD:

http://sc.inegi.org.mx/cobdem/resultados.jsp?w=21&Backidhecho=108&Backconstem=106&co nstembd=038&tm=%27Backidhecho:3,Backconstem:3,constembd:3%27

Lindblom, C. (1992). La ciencia de “salir del paso”. En L. A. (Edición), La hechura de las políticas públicas (págs. 201-226). México: Porrúa.

Lira, A., Vázquez, J. Z., Serrano, J. A., & Sordo, R. (8 de Marzo de 2010). Discutamos México. Recuperado el 25 de Febrero de 2017, de Federalismo y constituciones centralistas: https://www.youtube.com/watch?v=8QGe28q7Z4k

OCDE. (2015). OCDE. Obtenido de Indicador “Para una vida mejor”: http://www.oecdbetterlifeindex.org/es/about/better-life-initiative/

Pipitone, H. (1994). La salida del atraso. México: CIDE, FCE.

PNUD. (2009). Desarrollo de capacidades. Texto básico del PNUD. Nueva York: PNUD.

Salgado, J. F. (7 de Mayo de 2010). dcsh.xoc.uam.mx. Obtenido de Pensar el futuro de México:

http://dcsh.xoc.uam.mx/pensarelfuturodemexico/Libros/crecimiento_desarrollo.pdf

Sen, A. (2000). Desarrollo como libertad. Gaceta Ecológica, núm. 55, 14-20.

Vélez, F. (28 de Febrero de 2017). Animal Político. Obtenido de Libre comercio y sector agropecuario:

http://www.animalpolitico.com/blogueros-blog-mexico-como-vamos/2017/02/28/librecomercio-sector-agropecuario/

Vidaca, M. D., López, M. A., & Santos, R. (2016). Historia de México II. Culiacán: UAS.

Warman, A. (2003). La reforma agraria mexicana: Una visión de largo plazo. Obtenido de FAO:

http://www.fao.org/docrep/006/j0415t/j0415t09.htm

 

 

 

 

Recibido: Enero, 2017.

Aceptado: Mayo, 2017.

[1] Rocío Huerta Cuervo, es profesora investigadora del CIECAS – IPN.

Este documento es un producto del proyecto de investigación SIP 20164781, denominado “Laboratorio de análisis de las finanzas públicas en México” que tuvo el apoyo del Instituto Politécnico Nacional.

[2] Hoy más que dependencia, podemos hablar de interdependencia con los Estados Unidos, como lo han dejado claro los recientes debates sobre el TLCAN.

[3] Este esfuerzo incluso venía desde Porfirio Díaz (García Ugarte, 1995)

[4] “…que no pretendía destruir la base agrícola que sostenía la hacienda. Se iban a repartir tierras ciertamente, pero sin atentar contra la industria agrícola y ganadera del país que era exitosa y la dotación se haría de manera gradual. Puede observarse que el general Obregón no tenía la intención de afectar de manera sería los grandes latifundios productivos. Pero, al mismo tiempo, se deseaba favorecer a la población rural que había sido, y seguía siendo, uno de los principales soportes de los gobiernos revolucionarios” (García Ugarte, 1995, pág. 2 electrónica)

[5] .- Arturo Warman señala: “La inercia de la política minifundista del primer período de la reforma persistió. Diversas normas y ordenamientos establecieron las dimensiones de la superficie de la unidad de dotación de tierras: en 1922 la parcela individual para uso particular y disfrute familiar en los ejidos debía medir entre 3 y 5 hectáreas para las tierras de riego, o entre 4 y 6 hectáreas para las tierras de temporal. El Código Agrario de 1934 fijó estas dimensiones mínimas en 4 y 8 ha respectivamente; la relación de equivalencia era pues de 1:2. El Código Agrario de 1942 elevó el mínimo a 5 ha de tierras de riego, y la reforma constitucional de 1946 lo llevó a 10, sin que hubiese ampliación posterior. Sin embargo, estas medidas de dotación mínimas, que parecen estrechas, nunca se cumplieron. Hasta 1992, las Resoluciones Presidenciales reflejan la clasificación de las tierras en el momento en que fueron emitidas, y mencionan los siguientes promedios por beneficiario: 0,6 ha de tierras de riego, 4,2 ha de tierras de temporal, 18,6 ha de tierras de agostadero, 3,6 ha de tierras de monte, 0,4 ha de tierras desérticas y 7,1 ha de tierras indefinidas por un total de 34,5 ha. Las parcelas individuales sólo contenían las dos primeras categorías – de riego y de temporal (tierras cultivables) -, mientras que las demás eran para el disfrute comunitario. Un predio promedio de 5,4 ha tierras de temporal correspondía a un minifundio, y su dimensión permaneció invariada” (Warman, 2003, pág. 12).

6 . Incluso Cárdenas concentró “su atención en fortalecer la agricultura capitalista de exportación. Es decir, aquella que, por la situación económica de los propietarios y la calidad del suelo, podía introducir innovaciones tecnológicas que permitieran incrementar la productividad” (García Ugarte, 1995)

[6] .- INEGI, Banco de México, CNDH, INE, INEE, INAI, INMUJERES, COFECE, COFETEL, Tribunales agrarios, entre otros.

[7] .- La reforma energética, a las telecomunicaciones, la reforma fiscal de 2014.

[8] .- En muchos casos coaligados a grandes intereses económicos nacionales.

[9] Tarea en la que un segmento importante del PRI y el, entonces, Presidente de la República Ernesto Zedillo, también se comprometieron.

[10] .- El indicador para una vida mejor considera 11 variables para su cálculo. El país mejor posicionado es el que alcanza la suma mayor en cada uno de esos aspectos. Para más información consultar: http://www.oecdbetterlifeindex.org/es/about/better-life-initiative/

Compartir en: