Breve introducción a la macroeconomía poskeynesiana

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Breve introducción a la macroeconomía poskeynesiana[1]

J. E. King

Recibido: Mayo 2016.
Aceptado: Julio 2016.

 

Resumen

Se inicia exponiendo las bases de la macroeconomía poskeynesiana, y enseguida establezco la diferencia entre tres escuelas dentro de la teoría poskeynesiana: el enfoque fundamentalista keynesiano encabezado por Paul Davidson, la variante kaleckiana representada por Eckhard Hein, y la hipótesis de la inestabilidad financiera de Hyman Minsky. Se prosigue identificando lo que la macroeconomía poskeynesiana no es, y se describen algunas críticas muy sustanciales de ambas teorías keynesianas “la vieja” y ” la nueva”. Después de una breve reseña histórica del desarrollo de la teoría poskeynesiana en Cambridge (Reino Unido) y los Estados Unidos en las décadas de 1950 y 1960, se resumen las contribuciones de dos eminentes teóricos austriacos, Josef Steindl y Kurt Rothschild. Inmediatamente se plantea la posición distintiva poskeynesiana en cuanto a política macroeconómica, se ofrece una explicación de la crisis financiera mundial que comenzó en 2007, y se sugieren algunas medidas políticas que podrían hacer que crisis similares sean menos probables en el futuro. Se concluye discutiendo la relación entre poskeynesianismo y otras tres escuelas de teoría económica heterodoxa: el marxismo, el institucionalismo y la economía del comportamiento.

Palabras clave: Macroeconomía poskeynesiana, historia del pensamiento económico.

 

Clasificación JEL: B – Escuelas de pensamiento económico y metodología; B2 – Historia del pensamiento económico desde 1925 y B22 – Macroeconomía

 

A Brief Introduction to Post Keynesian Macroeconomics

Abstract

I begin by setting out the core of Post Keynesian macroeconomics, and then distinguish three schools within Post Keynesian theory: the fundamentalist Keynesian approach taken by Paul Davidson, the Kaleckian variant represented by Eckhard Hein, and Hyman Minsky’s financial instability hypothesis. I continue by identifying what Post Keynesian macroeconomics is not, and outlining some very substantial criticisms of both “Old Keynesian” and “New Keynesian” theory. After an historical sketch of the development of Post Keynesian theory in Cambridge (UK) and the United States in the 1950s and 1960s, I summarise the contributions of two eminent Austrian theorists, Josef Steindl and Kurt Rothschild. I then discuss the distinctive Post Keynesian position on questions of macroeconomic policy, offer an explanation of the Global Financial Crisis that began in 2007 and suggest some policy measures that might make similar crises less likely in the future. I conclude by discussing the relationship between Post Keynesianism and three other schools of heterodox economic theory: Marxism, institutionalism and behavioural economics.

 

Key words: Post Keynesian Macroeconomics, History of Economic Thought.

 

 

  1. Introducción

 

Iniciamos exponiendo las bases de la macroeconomía poskeynesiana utilizando seis proposiciones hechas por Tony Thirlwall, y obteniendo algunas conclusiones importantes de ellas. A continuación, distinguimos tres escuelas dentro de la teoría poskeynesiana: el enfoque fundamentalista keynesiano encabezado por Paul Davidson, la variante kaleckiana representada por Eckhard Hein, y la hipótesis de la inestabilidad financiera de Hyman Minsky. Señalamos sus diferencias y sus muy significativos puntos de acuerdo. Continuamos identificando lo que la macroeconomía no es, y describimos algunas críticas muy sustanciales de ambas teorías keynesianas: “la vieja” y ” la nueva”. Sigue un interludio histórico, en el que bosquejo el desarrollo de la teoría poskeynesiana en Cambridge (Reino Unido) y los Estados Unidos en las décadas de 1950 y 1960, y resumimos las contribuciones de dos eminentes teóricos austriacos, Josef Steindl y Kurt Rothschild.

 

Proseguimos exponiendo la posición poskeynesiana distintiva en cuestiones de política macroeconómica, enfocándonos en la política monetaria y fiscal, la regulación de precios e ingresos, y la reforma del sistema monetario internacional. Posteriormente, aplicamos estos principios para explicar la crisis financiera mundial que comenzó en 2007, y hacemos algunas propuestas pertenecientes a la política poskeynesiana que podrían hacer que crisis similares sean menos probables en el futuro. Concluímos discutiendo la relación entre el poskeynesianismo y otras tres escuelas de la teoría económica heterodoxa: el marxismo, el institucionalismo y la economía del comportamiento.

 

Las limitaciones de espacio impiden discutir la relación entre poskeynesianismo y otras seis escuelas heterodoxas: feminismo, economía ecológica, economía evolutiva, teoría Sraffiana, economía social y la teoría austriaca (del estilo de Hayek-von Mises). Las mismas limitaciones evitan cualquier discusión sistemática de cuestiones metodológicas; las teorías del crecimiento y desarrollo económico; la teoría microeconómica poskeynesiana; una posible contribución poskeynesiana a la economía ambiental; las implicaciones de la complejidad y la trayectoria de dependencia de los modelos de equilibrio de ingresos y gastos, utilizados por las tres escuelas poskeynesianas; así como el futuro del poskeynesianismo en los departamentos de economía de las universidades de todo el mundo.

 

  1. Las bases

 

Hace veinte años Tony Thirlwall (1993) resumió la macroeconomía poskeynesiana en términos de seis proposiciones básicas. Primera, el empleo y el desempleo se determinan en el mercado de productos, no en el de trabajo. Segunda, existe desempleo involuntario, y es causado por una deficiente demanda efectiva; no es el resultado de las imperfecciones del mercado de trabajo, y no se acabaría aun si se excluyeran tales imperfecciones. Tercera, la relación entre la inversión agregada y el ahorro agregado es fundamental para la teoría macroeconómica, y la causalidad va de la inversión al ahorro, y no al contrario. Como James Meade (1975, p. 82) una vez expresó, la “revolución keynesiana” implicó un cambio mental, de la imagen de un perro llamado “ahorro” que mueve su cola denominada “inversión”, a la de un perro llamado “inversión” que mueve su cola denominada “ahorro”. Cuarta, una economía monetaria es muy diferente a una economía de trueque: el dinero no es neutral, las finanzas son importantes y la deuda es relevante. Quinta, la Teoría Cuantitativa del Dinero es seriamente engañosa, por tres razones. El dinero es endógeno, de manera que en la Ecuación de Intercambio (MV = PT) la causalidad va de derecha a izquierda, no de izquierda a derecha; los cambios en la preferencia por la liquidez significan que V no es constante; y la fuerza de costos (especialmente las presiones sobre los salarios y los precios de productos primarios) a menudo generan inflación mucho antes de que se alcance el pleno empleo. Sexta, las economías capitalistas son guiadas por los “espíritus animales” de los inversionistas, quienes determinan la inversión (Esta proposición final es algo problemática, como se verá en la sección 8.3 más adelante).

 

Las implicaciones de las seis proposiciones de Thirlwall son muy claras, y extremadamente importantes. La ley de Say es falsa, de tal manera que la producción y el empleo son a menudo (quizás normalmente) restringidos por la demanda, no limitados por la oferta. Por tanto, el mantenimiento del pleno empleo frecuentemente (tal vez habitualmente) requiere la intervención del Estado. La política fiscal no es ineficaz, y el principio de la “equivalencia ricardiana” es falso (como lo reconoció el propio Ricardo). Finalmente, se necesitan políticas de precios e ingresos para controlar la inflación. En todo esto, el resultado final es el principio de la demanda efectiva.

 

 

  1. Tres escuelas poskeynesianas

 

Si bien todos los poskeynesianos estarían de acuerdo con las proposiciones de Thirlwall, la exposición y elaboración detallada de estos principios fundamentales difieren significativamente entre (al menos) tres escuelas distintas.

 

 

 

3.1 El “Keynesianismo fundamentalista” de Paul Davidson

 

La postura de Paul Davidson (b. 1930) no ha cambiado en casi medio siglo: “Todo está en la Teoría General[2]. De acuerdo con Davidson, Keynes identificó los tres axiomas cruciales de la teoría “clásica”: ergodicidad (el futuro puede deducirse de forma confiable a partir del pasado); sustitución bruta (la flexibilidad de precios asegura que todos los mercados se equilibren); y la neutralidad del dinero (la dicotomía clásica: el dinero afecta a los precios, no a la producción ni al empleo, que dependen solo de factores “reales” tales como gustos y tecnología).

 

Davidson hace hincapié en que Keynes creía que los tres axiomas estaban equivocados. La existencia de incertidumbre fundamental significa que vivimos en un mundo no-ergódico, en el que el futuro no puede deducirse de manera confiable a partir del pasado. El axioma de sustitución bruta es falso, por lo que la flexibilidad de precios no garantiza el pleno empleo. Y el dinero no es neutral, afecta a la producción y al empleo. De lo anterior, Keynes derivó el principio de Demanda Efectiva, resumido en el diagrama de Davidson (2011, Fig. 2.5, pág. 30) Oferta Agregada-Demanda Agregada, descrito (pero no dibujado) en la Teoría General, y es muy diferente de la versión del libro de texto convencional. Este principio refleja la microeconomía de Davidson, que (como Keynes) es marshalliano. Al igual que Keynes, Davidson sostiene que el principio de la demanda efectiva demuestra la necesidad de políticas monetarias activas, fiscales y de ingresos. Asimismo, aboga por la reforma del sistema monetario internacional similar a la presentada por Keynes en 1944 (la unión internacional de compensación: ver sección 6.4 más adelante).[3]

 

3.2 Modelo de dos clases de Michał Kalecki

 

El gran economista polaco Michał³ Kalecki (1899-1970) descubrió el principio de demanda efectiva más o menos de manera simultánea con Keynes, pero le dio un giro marxista. Para Kalecki (1954), la distinción entre trabajadores y capitalistas es esencial, y el gasto capitalista (sobre todo la inversión) es la clave para el ciclo económico: “Los trabajadores gastan lo que reciben; los capitalistas reciben lo que ellos gastan. “El álgebra de Kalecki se deriva del modelo de ingreso-gasto más simple, y muestra que en una economía cerrada y sin gobierno, los beneficios totales son de hecho iguales a los gastos de los capitalistas (en un modelo más complicado y realista, debemos agregar el déficit público y el superávit comercial).

 

Escribamos Y para representar ingresos totales; C para el consumo (los sufijos w y p se refieren, respectivamente, a los gastos de consumo de trabajadores y de capitalistas); I para la inversión; W para el total de los salarios; y P para los beneficios totales. En el caso más simple, sin gobierno ni sector externo,

 

Gasto =         C + I = Cw + Cp + I, e

Ingreso =       W + P.

 

Asumiendo que no hay ahorro de los trabajadores, así Cw = W, la igualdad de ingresos y gastos conlleva

 

P = Cp + I.

 

Por lo tanto, en el agregado, los beneficios se determinan por el gasto de los capitalistas. Ahora agregue al gobierno, que incurre en gastos (G) y recauda los impuestos (T). Resulta que

 

Gastos Y          = C + I + G = Cw + Cp + I + G, mientras que

Ingreso Y         = W + P + T.

 

Una vez más asuma que no hay ahorro por parte de los trabajadores. Nuevamente Cw = W, de modo que

 

P = (Cp + I) + (G – T),

y los beneficios totales son ahora igual al gasto de los capitalistas más el déficit presupuestario.

 

Finalmente introduzcamos una economía abierta, lo que significa agregar las exportaciones (X) a los gastos totales y las importaciones (M) a los ingresos totales. Es fácil demostrar que

 

P = (Cp + I) + (G – T) + (X – M),

 

de modo que los beneficios agregados dependen de los gastos de los capitalistas más el déficit presupuestario más el superávit comercial. Agregar el ahorro (o desahorro) de los trabajadores hace álgebra un poco más complicado, pero no afecta a la esencia del argumento.

 

Para Kalecki, la participación de los beneficios depende del grado de monopolio en los mercados de productos oligopólicos (y también, como planteó en un trabajo posterior, del resultado del conflicto de clases en el mercado de trabajo). Las fluctuaciones en los gastos de inversión son la clave para el ciclo económico, pero también hay una tendencia hacia una deficiencia crónica en la demanda efectiva -según lo sugerido por los primeros subconsumistas, como Rosa Luxemburgo-, ya que la participación de los beneficios es normalmente demasiado alta y la participación de los salarios demasiado baja para mantener el pleno empleo del trabajo o del capital. Pero esta es una sociedad capitalista y la clase dominante normalmente se resistirá al gasto deficitario del gobierno, aun cuando incrementaría los beneficios totales. En parte, esto refleja una creencia errónea en la necesidad de “finanzas sanas”, por otro lado, un temor bien fundado al pleno empleo considerándolo una amenaza a la disciplina en las fábricas[4]. El gasto militar es menos objetable para los capitalistas que el gasto civil, de modo que el “keynesianismo militar” puede resultar políticamente aceptable donde los altos salarios y el estado de bienestar no lo son.

 

3.3 Hyman Minsky y la hipótesis de la inestabilidad financiera

 

La “visión de Wall Street” del capitalismo articulada por Hyman Minsky (1919-1996) era bastante diferente a la de Kalecki, pero no fundamentalmente incompatible con ella. La relación central que le interesaba a Minsky no era la que se da entre el empresario capitalista y el trabajador, sino más bien la que se da entre el banquero inversionista y su cliente capitalista. Dado que el capitalismo es ineludiblemente cíclico (y no propenso al estancamiento, según Minsky), las fluctuaciones en la inversión son cruciales, y la disponibilidad de financiación es fundamental para la inversión. Los estándares de préstamo fluctúan a lo largo del ciclo. Como es bien sabido, Minsky distinguió tres fases: “las finanzas de cobertura” en las primeras etapas de una alza, cuando los prestamistas otorgan créditos a prestatarios cuyos proyectos se espera que sean lo suficientemente rentables para permitirles hacer tanto los pagos necesarios de intereses como devolver el capital; “Especulación financiera”, donde los prestamistas son menos cautelosos, y ya no requieren que se garantice el reembolso del capital; y “las finanzas Ponzi”, donde los estándares de crédito se vuelven tan laxos que algunos prestatarios necesitan recurrir a más préstamos con el fin de cumplir con sus obligaciones de intereses (el caso de 2008, del estafador estadounidense Bernie Madoff fue asombrosamente similar al del epónimo de Charles Ponzi de casi un siglo antes). La eventual e inevitable crisis financiera es el resultado de un colapso de la confianza de los prestamistas y conduce a un racionamiento del crédito, la liquidación forzosa de activos a precios de “liquidación” con el fin de amortizar los préstamos, a una fuerte caída de la inversión, y a la consiguiente disminución de la producción y el empleo[5].

 

Al final de su vida, Minsky identificó una nueva fase de “capitalismo de los gestores del dinero”, en el que los préstamos al consumidor, y por tanto también su deuda, se habían vuelto más importantes[6]. Como estudiante de Joseph Schumpeter, Minsky siempre destacó el papel crucial de la innovación financiera en todas las etapas del desarrollo capitalista. Esto significó que había una constante necesidad de una estrecha regulación financiera, y también un riesgo constante de que ésta sería ineficaz. ¿Por qué, entonces, no tuvo lugar otra crisis financiera de la magnitud de la Gran Depresión durante la vida de Minsky? El gobierno grande fue la respuesta, de acuerdo con él; pues hubo una dimensión de flujo y una dimensión de acervo. El gobierno de los Estados Unidos en los años posteriores a 1945 era mucho más grande de lo que había sido en 1929, lo que permitió incorporar estabilizadores fiscales mucho más potentes en una recesión; este fue el aspecto de flujo. Además, la suma de todos los déficits presupuestarios desde 1929 había proporcionado al sector privado una enorme cantidad de valores del gobierno libres de riesgo, mejorando enormemente su solidez financiera, este fue el aspecto acervo. Sin embargo, una eterna vigilancia fue el precio de una estabilidad financiera continua.

 

3.4 Conclusiones

 

Evidentemente estas tres escuelas poskeynesianas poseen un área muy considerable de puntos en común. En particular, todas ellas coinciden en que es imposible basar la teoría macroeconómica basada en microfundamentos RARE (el acrónimo significa agentes representativos con expectativas racionales). Davidson descarta las expectativas racionales por la no-ergodicidad y la incertidumbre fundamental keynesiana; Minsky lo hace por la miopía cíclica de sus banqueros inversionistas; por su parte Kalecki resalta la importancia del riesgo irreductible de los prestatarios y prestamistas. No hay ningún papel para los agentes representativos, ya que esto eliminaría los toros y osos que son centrales para Keynes y Davidson, los trabajadores y los capitalistas enfatizados por Kalecki, y los deudores y acreedores distinguidos por Minsky. Por lo menos dos clases de agentes siempre están involucrados en cualquier modelo macroeconómico poskeynesiano, y no pueden comportarse “racionalmente” en el estricto sentido neoclásico, ya que carecen de la información necesaria (lo que no quiere decir, destaca Keynes, que normalmente no actúen de manera razonable).

 

También hay que señalar que Kalecki y Minsky se necesitan mutuamente. En los modelos de Kalecki no hay un papel sustancial para el dinero o las finanzas. No es que él creyera que el capitalismo podía ser analizado como si se tratara de una economía de trueque, sino simplemente eligió concentrarse en otras cuestiones. Kalecki no era un gran lector, y es completamente posible que no supiera nada acerca de Minsky. Pero el énfasis de este último en la variabilidad cíclica en el racionamiento del crédito y en las fluctuaciones de precios de los activos podría muy bien haber sido útil para Kalecki en la resolución de los problemas continuos que tuvo al especificar una función de inversión macroeconómica aceptable, problemas mencionados por Josef Steindl (1990, pp. 139 -148).

 

En cuanto a Minsky, necesitaba una teoría de los recursos financieros para complementar su teoría de los compromisos financieros. Los capitalistas obtienen ingresos en forma de beneficios generados por sus actividades, y solo encuentran dificultades financieras si sus ingresos son insuficientes para satisfacer sus obligaciones con sus acreedores. La teoría de los beneficios de Kalecki proporciona una teoría clara y coherente de los recursos financieros agregados de los capitalistas, como el propio Minsky reconoció más tarde en su carrera. Y esto apunta a un problema para él: ya que las ganancias totales se determinan por la suma de la inversión y el gasto de consumo capitalista, es totalmente posible que los capitalistas puedan salir de problemas, en conjunto (por supuesto, no individualmente). Una vez más, la función de inversión es la parte crítica de cualquier modelo poskeynesiano.

 

  1. Lo que la macroeconomía poskeynesiana no es

 

El nombre de John Maynard Keynes a menudo ha sido tomado en vano por teóricos con quienes habría tenido poco o nada en común. Esto aplica, hasta cierto punto, a los Viejos Keynesianos como J. R. Hicks y Don Patinkin (como Hicks mismo reconoció al final de su vida), y más aún en el caso de los neokeynesianos del siglo XXI.

 

4.1 La vieja macroeconomía keynesiana

 

Los poskeynesianos rechazan los tres componentes de la vieja teoría keynesiana. De hecho, la economía poskeynesiana en los Estados Unidos, en gran medida, surgió de una crítica a la “vieja síntesis neoclásica”, como veremos en la sección 5 (ii).

 

El primer componente de la vieja macroeconomía keynesiana es el modelo IS-LM. Ahora bien, este fue un descubrimiento múltiple, que parece haber contado con la aprobación de Keynes[7]. Pero hay problemas muy serios con esto. En primer lugar, trata con las variables erróneas, y por consiguiente el conocido diagrama IS-LM tiene los ejes equivocados, deberían ser la inflación y el empleo, no el producto y la tasa de interés. En segundo lugar, hay buenas razones para creer que la curva IS es inelástica en el interés y altamente inestable, ya que la inversión depende de las expectativas de beneficios (y por lo tanto de “espíritus animales”), mucho más que de la tasa de interés. En tercer lugar, la cantidad de dinero es endógena: se determina por la demanda de crédito. Esto significa que la curva LM es horizontal, no vertical. Por todas estas razones, IS-LM es una fuente de confusión más que de clarificación.

 

Lo mismo puede decirse del segundo componente de la vieja macroeconomía keynesiana, el modelo de crecimiento de Solow (o más exactamente de Swan-Solow), rechazado por los poskeynesianos por varios motivos. Para empezar, se oponen a su tratamiento a largo plazo como una especie de reino mágico, donde se cumple la ley de Say, el trabajo y el capital siempre se emplean por completo, por lo tanto, el principio de la demanda efectiva es inaplicable (muchos estarían de acuerdo con Kalecki en que no hay tal cosa como el largo plazo, sino solo una serie de cortos plazos). En segundo lugar, los poskeynesianos apuntan a la incoherencia de la teoría neoclásica del capital en la que se basa el modelo de crecimiento de Solow, y en particular a lo que Heinz Kurz ha descrito como la “falacia monótona” con respecto a la sustitución capital-trabajo. Como Piero Sraffa (1898-1983) demostró, no hay una buena razón para creer que un cambio en la relación entre el salario real y la tasa de beneficios siempre inducirá un cambio en la relación capital-trabajo en la dirección opuesta, como el modelo de Solow requiere. Por último, hay muchas razones para creer que el cambio técnico es endógeno y responde a los cambios en la demanda. Esto hace retroceder la ley de Say, de manera que la demanda crea su propia oferta (una proposición algunas veces resumida en el concepto de “histéresis”).

 

El tercer y último componente de la vieja economía Keynesiana es la curva de Phillips, rechazada por los poskeynesianos en favor de un enfoque institucional para explicar la inflación, en el que la política, las instituciones del mercado de trabajo y el poder de clase del capital con respecto al trabajo, son más importantes que la tasa de desempleo. Por lo tanto no estaban más sorprendidos que los monetaristas por la inestabilidad que la curva de Phillips demostró en la década de 1970. Sin embargo, lo explicaron de una manera muy diferente: la intensificación del conflicto social sobre la distribución del ingreso era más importante en el aumento de la inflación de lo que eran las expectativas de una inflación mayor.

 

4.2 Nueva macroeconomía keynesiana

 

La nueva síntesis neoclásica se basa en modelos EGDE (Equilibrio General Dinámico Estocástico), que poseen una serie de rasgos objetables. Primero, asumen que la macroeconomía puede ser reducida a proposiciones sobre microeconomía: este requisito para “microfundamentos” generalmente se considera evidente, y rara vez se defiende de forma explícita. Segundo, hay una dependencia de los ARER (agentes representativos con expectativas racionales) que hemos encontrado y rechazado. Tercero, se asume que existen “mercados financieros completos”, en los cuales no hay incertidumbre fundamental ni temor de incumplimiento, por lo que la deuda es irrelevante y la inestabilidad financiera en líneas minskyanas es imposible. La única característica supuestamente “keynesiana” de este tipo de modelos es la introducción de las imperfecciones del mercado, y esto es lo que diferencia a la “Nueva Macroeconomía Keynesiana” de la “Nueva Macroeconomía Clásica”. Las dos imperfecciones más importantes las proporciona la teoría de los salarios de eficiencia, que explica por qué los empleadores no recortan los salarios para eliminar el desempleo y la información asimétrica entre prestatarios y prestamistas, lo que impide el equilibrio de los mercados.

 

Las objeciones poskeynesianas a los ARER ya se han señalado. La mayoría de los poskeynesianos también objetan el dogma de microfundamentos, con el argumento de que niega las falacias de composición que ellos consideran fundamentales para la macroeconomía y que hacen que sea imposible reducir la macroeconomía a microeconomía[8]. La “paradoja del ahorro” enfatizada por Keynes: cualquier agente individual puede aumentar su ahorro, si elige hacerlo, pero si todos ellos lo intentan, sin ningún incremento en la inversión agregada, el resultado será una disminución de la producción y los ingresos, dejando sin cambios el ahorro agregado. También hay una “paradoja de costes” kaleckiana: los aumentos salariales son siempre una mala noticia para cualquier empresa capitalista, ya que aumentan los costos y reducen las ganancias, pero bajo ciertas circunstancias puede ser una buena noticia para los capitalistas en su conjunto, incrementando la producción y los beneficios agregados (véase la sección 7.2 más adelante). Por último, una “paradoja de liquidez” está implícita tanto en Keynes como en Minsky: cualquier empresa que desee tener más liquidez normalmente puede hacerlo, con un costo, pero si todas las empresas intentan incrementar su liquidez el efecto será aumentar las tasas de interés, y en algunas circunstancias provocar una gran crisis financiera.

 

Los poskeynesianos también rechazan el último principio de la Nueva Teoría Keynesiana, que Davidson calificó de “imperfeccionismo” y el cual es incompatible con el principio de la demanda efectiva. Sostienen que la baja de los salarios y la flexibilidad de los precios no serían suficientes para establecer y mantener el pleno empleo. De hecho, la deflación es vista por los keynesianos como parte del problema, y no como parte de la solución al desempleo involuntario. Como Keynes (1936, pp. 257-271) sostuvo con detalle en el capítulo 19 de la Teoría General, la caída de los precios y los salarios monetarios empeorará las cosas en una recesión, hundiendo las expectativas, elevando las tasas de interés reales e incrementando la carga real de la deuda. La experiencia de Japón desde 1990, ofrece un estudio de caso de advertencia sobre los peligros de la deflación, aun cuando esta sea muy gradual.

 

  1. Un poco de historia

 

La teoría poskeynesiana se originó en las décadas de 1950 y 1960, más o menos de manera independiente en el Reino Unido y los Estados Unidos. A principios de 1970 el término fue ampliamente utilizado para describir las ideas discutidas en la sección 3, y para el final de la década había surgido una escuela poskeynesiana más o menos definida de manera clara.

 

5.1 Cambridge (Reino Unido)

 

Los primeros poskeynesianos británicos más importantes fueron Joan Robinson (1903-1983) y Nicholas Kaldor (1908-86). En lugar de atacar a la Vieja Síntesis Neoclásica, su preocupación principal fue llenar los vacíos dejados por Keynes, en particular desarrollar teorías de crecimiento y distribución que fueran consistentes con el principio de la demanda efectiva. Eventualmente, esto los condujo a un conflicto con el modelo de crecimiento de Solow, especialmente después de que, finalmente, el teórico italiano Piero Sraffa, quien había vivido en Cambridge desde finales de la década de 1920, publicó su devastador ataque a la coherencia de la teoría neoclásica del capital.

 

Los principales puntos de referencia del poskeynesianismo de Cambridge fueron la magistral Acumulación del Capital de Robinson (1956), el influyente artículo Teorías Alternativas de la Distribución de Kaldor (1956), y el delgado volumen de Sraffa Producción de mercancías por medio de mercancías (1960). Estas obras establecieron una tradición en Cambridge, en la cual el modelo de crecimiento de Harrod fue complementado por una teoría macroeconómica de la distribución, donde la participación en el ingreso de los salarios y los beneficios se determinaban por las decisiones de inversión de los capitalistas, así como por las muy diferentes tendencias a ahorrar de los capitalistas y los trabajadores. No hubo lugar para las funciones de producción neoclásica o para la teoría de la productividad marginal de la distribución. Más tarde Kaldor desarrolló una gama de modelos de crecimiento que propició el progreso técnico endógeno, y fue pionero en el análisis poskeynesiano de la endogeneidad del dinero y la consiguiente crítica a la teoría cuantitativa. Robinson, por su parte, llegó a atacar a la Vieja Síntesis Neoclásica considerándola una forma de “keynesianismo bastardo”, cuyo objetivo era “poner a dormir a Keynes.” En esto, Robinson pudo muy bien haber sido influenciada por el poskeynesiano estadounidense Sidney Weintraub.

 

Otros dos italianos jugaron un papel importante en el desarrollo del pensamiento poskeynesiano en Gran Bretaña. Luigi Pasinetti (b. 1930) corrigió un defecto importante en la teoría macroeconómica de la distribución de Kaldor, generalizándola para permitir la acumulación de riqueza por los trabajadores, y Pierangelo Garegnani (1930-2011) dedicó su vida a la promoción de la (polémica) perspectiva de la síntesis de Keynes-Sraffa.

 

5.2 Estados Unidos

 

La aparición de Sidney Weintraub (1914-1983) como el primer prominente poskeynesiano en los Estados Unidos se debió enteramente a sus objeciones a la Vieja Síntesis Neoclásica, pues creía que ignoraba la inflación producida por los salarios e implicaba una respuesta deflacionaria ineficaz y perjudicial a un problema causado no por una excesiva demanda agregada, sino por el fracaso de las instituciones que fijan el salario. Weintraub creía que había descubierto una constante mágica: la participación de los salarios en el producto total. Los esfuerzos del sindicato para incrementar esta participación exigiendo el aumento de los salarios, por tanto, eran inevitablemente contraproducentes, y también peligrosamente inflacionarios. Abogó por una política de ingresos basada en los impuestos para recompensar la moderación en la negociación salarial y penalizar a los empleadores (y también, indirectamente, a los sindicatos) por incrementos excesivos de los salarios[9].

 

Paul Davidson fue alumno de Weintraub, y su obra “El dinero y el mundo real” (1972) no fue solo un texto importante para los keynesianos fundamentalistas, sino también un acontecimiento importante en el surgimiento del poskeynesianismo como una escuela distinta. Otros puntos de referencia fueron el discurso principal de Robinson en la reunión de 1971 de la Asociación Americana de Economía (American Economic Association); el artículo ampliamente leído de 1975 de Alfred Eichner y Jan Kregel publicado en el Journal of Economic Literature; y el libro de Hyman Minsky sobre John Maynard Keynes, que apareció en el mismo año[10]. Minsky de alguna manera fue un solitario, y no simpatizaba ni con Davidson ni con la idea de publicar su trabajo en el Journal of Poskeynesian Economícs, coeditado desde su inicio en 1977 por Davidson y Weintraub, con el apoyo financiero y moral de John Kenneth Galbraith. Pronto hubo poskeynesianos, y en poco tiempo también sociedades Poskeynesianas en muchas partes del mundo, incluyendo Brasil, Francia, Japón y el Reino Unido. Sin embargo, nunca ha habido una Asociación Poskeynesiana en los Estados Unidos, a diferencia de las sociedades de economistas institucionalistas, radicales, feministas, sociales y evolutivas.

 

5.3 Austria

 

Algo debe decirse acerca de las dos principales figuras del poskeynesianismo en Austria. En 1937 el joven Josef Steindl (1912-1993) anticipó el descubrimiento del “supermultiplicador” de J. R. Hicks, que es el multiplicador de inversión keynesiano aumentado por el efecto acelerador de un mayor consumo, lo que provoca un aumento extra en inversiones[11].

 

Tras el exilio durante la guerra en Inglaterra, donde estuvo bajo la influencia de Michał³ Kalecki, Steindl produjo su libro más conocido, Madurez y estancamiento en el capitalismo americano (1952), en el cual sostuvo que un creciente grado de monopolio había restringido el crecimiento del consumo de la clase trabajadora y con ello socavado el dinamismo del capitalismo en los Estados Unidos. En un trabajo posterior Steindl exploró lo que podría denominarse como problemas poskaleckianos de la clase trabajadora en cuanto a ahorro, desahorro y deuda.

 

Durante una muy larga y productiva carrera, su amigo y casi contemporáneo, Kurt Rothschild (1914-2010), argumentó el caso del pluralismo en la economía heterodoxa y lo implementó en su propia combinación de elementos del poskeynesianismo, marxismo e institucionalismo. Sus importantes contribuciones fueron celebradas en el año 2011, en una conferencia patrocinada por el Banco Nacional de Austria[12]. El volumen editado de Rothschild Power in Economics (1971) permanece como un revelador (y por desgracia poco frecuente) intento de lidiar con algunas cuestiones importantes, pero desatendidas en las ciencias sociales.

 

  1. Por qué todo importa: Política económica poskeynesiana

 

Keynes nunca estuvo muy interesado en la teoría económica por sí misma, en su lugar consideraba la economía como una ciencia política, o tal vez como un arte. Los poskeynesianos comparten estas preocupaciones prácticas, y tienen puntos de vista distintivos en una muy amplia gama de asuntos de política económica que los diferencian visiblemente de la escuela neoclásica. Voy a referirme brevemente a cuatro de ellos.

 

6.1 Política monetaria

 

Como hemos visto, los primeros Poskeynesianos fueron fuertes críticos del monetarismo, tanto en la teoría como en el conjunto de propuestas políticas. Argumentaron que el dinero era endógeno, y la dirección de la causalidad era lo contrario a lo afirmado por Friedman y la Escuela de Chicago. La inflación se originaba en la economía “real”, especialmente en los mercados de trabajo y materias primas. Los intentos para combatirla a través de una regla rígida para el crecimiento de la oferta monetaria no tendrían éxito, pero (a través de la austeridad fiscal asociada, altas tasas de interés y tipos de cambio sobrevaluados) causarían serios daños en la producción y el empleo[13]. Igualmente, hubo un punto importante de principio político: la política monetaria debería estar sujeta al control democrático de los intereses de la gran mayoría, y no puesta en manos de los supuestamente “independientes” bancos centrales, que en la práctica siguen siendo muy dependientes de la pequeña y muy rica minoría de actores de los mercados financieros.

 

Gran parte de la crítica poskeynesiana al monetarismo pronto fue confirmada, por ejemplo, por la experiencia de la Gran Bretaña de Thatcher, y parte de ella ha sido tomada (sin reconocimiento) por la Nueva Síntesis Neoclásica (una curva LM horizontal; las tasas de interés como instrumento más práctico de la política monetaria que el control de la reserva de dinero). Pero los poskeynesianos siguen siendo severamente críticos de la política monetaria convencional, en particular por su afirmación dogmática de que la inflación del precio de producción es el único objetivo legítimo. Como veremos en la sección 7, esto ha llevado a un descuido peligroso de otros objetivos importantes, especialmente la inflación de precios de activos y la estabilidad del sistema financiero en su conjunto (la cuestión vital de “regulación macroprudencial”).

 

Los poskeynesianos también debaten la dependencia de la economía convencional en un instrumento político, lo que deja a las autoridades monetarias impotentes para influir en estas otras variables objetivo. Algunos proponen un retorno al uso de controles directos, por ejemplo, restringir los préstamos hipotecarios cuando haya razones para temer una burbuja de precios de vivienda. Otros se inclinan por controles indirectos, en forma de requerimientos de reservas basadas en activos que tendrían el efecto de imponer un impuesto más alto en las formas particulares de préstamos, con el fin de prevenir la aparición de burbujas o desinflarlas gradualmente.

 

Dicho esto, los poskeynesianos también se inclinan a cuestionar lo que la política monetaria realmente puede lograr. El fracaso de la expansión cuantitativa para estimular una fuerte recuperación en los Estados Unidos y el Reino Unido a raíz de la crisis financiera mundial no les ha sorprendido. Al igual que Keynes, quien abogó por “una socialización integral de la inversión” para compensar los débiles efectos de la política monetaria expansiva, los poskeynesianos tienden a centrarse en lo que la política monetaria no puede lograr, y a proponer un conjunto de alternativas más poderosas. Primero y ante todo, está la política fiscal.

 

6.2 Política fiscal

 

Una diferencia significativa entre la vieja y nueva economía keynesiana es el tratamiento que le dan a la política fiscal. Para los viejos keynesianos -y aquí comparten puntos en común con los poskeynesianos- el gasto público financiado con déficit era un arma importante contra el desempleo por una demanda deficiente, mientras que los excedentes presupuestarios deberían utilizarse para impedir la inflación generada por exceso de demanda. Los nuevos clásicos y los nuevos keynesianos sostienen en cambio que la política fiscal es ineficaz, invocando el principio de “equivalencia ricardiana”. Se afirma que los agentes económicos racionales se darán cuenta de que el aumento actual del endeudamiento público conllevará mayores impuestos en el futuro y por consiguiente reducirá su gasto de consumo, eliminando cualquier efecto estimulante al aumento del gasto público. Por el contrario, en el caso de un superávit presupuestario, las medidas de austeridad del gobierno no reducirán la demanda efectiva. Este principio fue de hecho proclamado hace dos siglos por David Ricardo, y con cierta justificación: en 1815 la deuda pública británica aumentó al 300% del PIB, el pago de intereses anuales representó aproximadamente el 10% del ingreso nacional, y hubo bases reales para que los ricos temieran la resistencia de la clase trabajadora a cualquier incremento en los impuestos en los artículos de primera necesidad y esperaran que cualquier endeudamiento público aumentara sus propias facturas fiscales. Aun bajo estas circunstancias, Ricardo dudaba del principio, actualmente asociado con su nombre; creía que incluso personas con estudios superiores simplemente no podrían entenderlo[14]. Algo en lo que casi con seguridad tuvo razón.

 

Hay cierta tensión entre la equivalencia ricardiana y el principio de “finanzas sanas”, como se expresa en la famosa frase de Angela Merkel “la lógica de la ama de casa” (“no debemos vivir por encima de nuestras posibilidades”): si la política fiscal es ineficaz, entonces no puede tener efectos adversos. Los poskeynesianos, sin embargo, niegan tanto la ineficacia de la política fiscal como el principio de las finanzas sanas. En su lugar, afirman el principio de “finanzas funcionales” manifestado por primera vez hace 70 años por Abba Lerner (1943): lo único que importa es el logro del pleno empleo y evitar la inflación de demanda. El gobierno debería mantener un déficit si se espera que el gasto del sector privado sea inadecuado, y debería tener un superávit si se espera que el gasto de este sector sea excesivo; puede decirse que hay un presupuesto equilibrado solo en el caso (muy improbable) en el que se espera que el gasto del sector privado sea “correcto”). Aplicar la lógica de Merkel en condiciones de depresión, cuando los consumidores carecen de confianza y las expectativas de negocios son moderadas, será contraproducente: se reducirá la demanda efectiva, se reducirán los ingresos fiscales y aumentará el déficit presupuestario. Esta fue una de las lecciones más importantes de la Gran Depresión de la década de 1930, que necesita ser aprendida nuevamente.

 

6.3 Política de precios e ingresos

 

La política fiscal contractiva es un arma apropiada contra la inflación de demanda, pero como Weintraub argumenta, es probable que sea ineficaz y dañina cuando se aplica a la inflación de costos. En este caso, se requiere intervención directa en los mercados de productos y de factores. En los mercados de trabajo altamente sindicalizados de la “época de oro” post-1945, el principio más importante era asegurar que los salarios monetarios no aumentaran demasiado rápido. Hacia 1951, Nicholas Kaldor había establecido el principio subyacente, en un trabajo que por alguna razón no fue publicado hasta la década siguiente. Suponiendo que la existente división de la producción total entre capital y trabajo es aceptable, los salarios monetarios en todas las industrias deberían aumentar al mismo ritmo anual que el promedio de la productividad laboral. A las industrias con un crecimiento de productividad por debajo del promedio se les debería permitir aumentar sus precios, y a las industrias donde la productividad estuviera creciendo más rápido deberían requerirles reducir los precios, de tal manera que el nivel general de precios se mantenga más o menos constante. A principios de 1960, dos australianos keynesianos, Eric Russell y Wilfred Salter, modificaron la regla de Kaldor para permitir variaciones en términos de intercambio, lo que modificaría la tasa efectiva de crecimiento de la productividad.

 

Una política de precios e ingresos de este tipo podría ser implementada en tres formas: vinculando legalmente un arbitraje obligatorio, como en Australia antes de 1990; por acuerdo entre los “agentes sociales”, como en los antiguos países socialdemócratas o “corporativistas” del norte de Europa; o mediante el uso de incentivos y desincentivos fiscales, como propuso Sidney Weintraub para los Estados Unidos (pero nunca se implementaron ni allá ni en otro lugar). Durante la crisis de estanflación de la década de 1970 se rompieron todo tipo de políticas de ingresos, en parte bajo la presión del rápido aumento de los precios de los productos primarios (véase la sección 6.4 más adelante). Desde entonces, los sindicatos se han debilitado sustancialmente, y la amenaza de una renovada inflación de los salarios ahora parece bastante remota. Hoy en día pueden darse argumentos muy diferentes para una política de rentas, esta vez para evitar los peligros de la deflación y una continua disminución de la participación de los salarios: en lugar de restringir los salarios reales, una política de rentas ahora necesita asegurar que estos aumenten en línea con la productividad laboral. La distinción estrechamente relacionada entre los regímenes de recuperación provocados por “salarios” y “beneficios” se discutirá en la sección 7.2 más adelante.

 

6.4 Política económica internacional

 

En la “época de oro” del capitalismo avanzado de 1945 a 1973 el desempleo y la inflación eran muy bajos, la producción creció rápidamente y las recesiones en la actividad económica fueron breves e insustanciales. Hasta cierto punto esto fue el resultado del orden económico internacional que se había decidido en la conferencia de Bretton Woods en 1944, donde Keynes tuvo éxito al implementar parte de su ambiciosa agenda para la reconstrucción en la posguerra. Un régimen de tipo de cambio fijo restauró la estabilidad y eliminó las contraproducentes devaluaciones competitivas de la década de 1930, mientras que los controles sobre los movimientos de capital impidieron cualquier repetición de los desestabilizadores de flujos de “capital especulativo” de esa década. El comercio creció rápidamente durante las décadas de 1950 y 1960, pero las finanzas internacionales fueron reprimidas de forma deliberada. La era de Bretton Woods, terminó en 1973 con la devaluación del dólar estadounidense, el consiguiente retorno a tasas de cambio flotantes, y la liberalización de los flujos de capital global. Muchos poskeynesianos atribuyen el desempeño macroeconómico menos favorable de los últimos 40 años en parte a la ruptura del sistema de Bretton Woods.

 

Hay un cierto desacuerdo acerca de cómo podría reformarse el sistema monetario internacional. La propuesta más ambiciosa proviene de Paul Davidson (2002; véase también la sección 7.2 más adelante), que insta a la adopción del plan de Keynes para establecer la Cámara internacional de compensación (International Clearing Union). Esto no sólo restablecería los tipos de cambio fijos, sino que eliminaría los movimientos internacionales de capital del sector privado por completo, y por lo tanto involucraría una reducción masiva en el volumen de las finanzas globales. Esto es demasiado radical para muchos poskeynesianos, por esta razón defensores de la “teoría monetaria moderna”, como Randall Wray y Warren Mosler, se oponen a cualquier regreso a los tipos de cambio fijos sobre la base de que ello supondría una pérdida inaceptable de la soberanía nacional.

 

Habría más apoyo general a la reforma del Fondo Monetario Internacional para que sea el Banco Central Mundial que Keynes había previsto: bien dotado de recursos y con el compromiso de promover el pleno empleo en una escala global. La mayoría de los poskeynesianos también abogan por la introducción de un impuesto sobre el volumen de negocios en las transacciones financieras internacionales (la llamada tasa Tobin) para aumentar los ingresos públicos y quizás también poner “arena en las ruedas” en las finanzas especulativas internacionales. En años recientes, la inestabilidad de los precios de los alimentos y materias primas también ha reavivado el interés en la propuesta hecha por Kaldor y Jan Tinbergen en la década de 1960 para el establecimiento de un conjunto de fondos internacionales para intervenir en los mercados de productos primarios con el fin de estabilizar los precios de las mercancías. Esto eliminaría una de las principales fuentes de inflación de costos, y permitiría la introducción general de los principios de “comercio justo”, en beneficio de la gente pobre de países productores primarios[15].

 

  1. La crisis financiera mundial

 

Aunque pocos poskeynesianos puede afirmar haber previsto la crisis financiera mundial, en el sentido de predecir el momento preciso o los detalles específicos de los eventos de 2007-8, ésta no los sorprendió en absoluto, ya que fue totalmente consistente con su larga crítica al capitalismo financiero neoliberal y global[16].

 

7.1 Causas

 

La crisis financiera global fue el resultado de una mezcla tóxica de globalización, financiarización, desregulación, aumento de la desigualdad y deuda creciente, todo alentado (si no iniciado) por las ideas neoliberales de los macroeconomistas convencionales. La globalización aumentó considerablemente el poder del capital móvil internacional relativo tanto a la mano de obra como a los gobiernos. A principios de la década de 1980 era posible que “los mercados” castigaran a los gobiernos socialdemócratas de una manera que habría sido inconcebible treinta años antes; la experiencia del gobierno de Mitterrand en Francia es un ejemplo célebre de ello (recuerde que “los mercados” no son una fuerza de la naturaleza; son instituciones sociales operadas por gente rica, y los pobres trabajan para ellos).

 

La financiarización implicó la aparición de nuevos “productos” (nuevos activos y pasivos), nuevos proveedores y nuevos clientes. Tuvo una dimensión cuantitativa, con un fuerte aumento de la proporción del PIB, el empleo y (especialmente) los beneficios corporativos representaron el sector FIRE (finanzas, seguros y bienes raíces). Hubo también una dimensión cualitativa, con un aumento muy significativo en el poder económico y político de las finanzas. Esto a veces es descrito como la representación de un cambio histórico de una etapa del capitalismo a otro: de la época de oro del “Fordismo” basado en la fabricación al “crecimiento provocado por las finanzas”, o el “capitalismo de los gestores de dinero” de Minsky, después de 1973. Esto fue posible gracias a la desregulación concienzuda de las finanzas, que comenzó con el colapso de Bretton Woods y fue alentada por la ideología neoliberal.

 

Podemos distinguir cuatro principios de la economía neoliberal. Primero, se presentó el caso de tipos de cambio flotantes adoptado por los monetaristas. Segundo, la nueva economía financiera, y en particular la “hipótesis del mercado eficiente”, según la cual los mercados siempre hacen el mejor uso posible de toda la información disponible, por lo que la regulación detallada era innecesaria (ya que “el precio es justo”). Tercero, la Nueva Macroeconomía Clásica revivió la Ley de Say y la doctrina de la neutralidad del dinero, rechazando el principio de la demanda efectiva. Por último, existía la creencia profunda de que el fracaso del mercado era casi siempre menos grave que el del Estado, lo que debilitó el caso para cualquier forma de regulación, micro o macro.

 

Las consecuencias de la financiarización fueron profundas. Más importante fue el regreso de “valor del accionista” como el único objetivo viable de la corporación capitalista. Durante la época de oro se aceptaron las alternativas para (a corto plazo) la maximización del beneficio, al igual que el “capitalismo de los accionistas” practicado en cierta medida, en Austria, Alemania y Japón, donde se consideró que la dirección, los trabajadores y las comunidades locales y nacionales tenían un interés legítimo en la forma en que la empresa era manejada, junto con los accionistas, y se les alentó a adoptar una visión a largo plazo de estos intereses. Al menos en el norte de Europa esto estaba relacionado con el poder de los sindicatos y de las políticas salariales corporativistas, y tanto allá como en Japón los diferenciales de ingreso fueron refrenados. Con el aumento de valor de los accionistas, la nueva norma para la conducta corporativa fue “distribuir y reducir la plantilla de personal” en lugar de “reinvertir y crecer”. Se introdujeron nuevos sistemas de incentivos, con bonificaciones para la alta dirección ligada al precio de las acciones de la empresa, y esto equivalió a una nueva alianza entre la dirección y los accionistas, a expensas de la vieja alianza entre la administración y otros accionistas.

 

Todo esto llevó al rápido aumento de la desigualdad. Las ganancias aumentaron con respecto a los salarios, por lo que la participación de los salarios en el ingreso nacional disminuyó de manera constante; los salarios directivos más altos crecieron mucho más rápidamente que el pago de sus subordinados; y también hubo un aumento sustancial de la desigualdad en la riqueza, estimulado por el aumento de los precios de las acciones. El aumento de la desigualdad también alentó el crecimiento de la deuda. En parte, esto fue el resultado inevitable de la financiarización, ya que la suma creciente de los activos estuvo necesariamente acompañada de un aumento en los pasivos. Hasta cierto punto fue consecuencia directa del aumento de la desigualdad, con los rezagados cada vez más tentados –y cada vez más capaces- de obtener préstamos con el fin de mantener su nivel de vida, comprar una casa y proteger su estatus social[17]. A su vez esto se vinculó a un profundo cambio cultural con la creciente aceptación de una “cultura de la deuda”, entre ricos y pobres por igual. Téngase en cuenta la importante y potencialmente siniestra asimetría involucrada con el crecimiento de la deuda: los deudores pueden ser obligados a recortar sus gastos, pero los acreedores no pueden ser obligados a aumentar sus gastos cuando las condiciones macroeconómicas se deterioran.

 

En este contexto, el teórico poskeynesiano Till van Treeck (2012) distingue dos posibles regímenes macroeconómicos. En el régimen “liderado por la deuda”, el gasto de consumo crece fuertemente, a través de efectos riqueza positivos en el consumo de los ricos y el incremento de la deuda que permite que el consumo de los pobres aumente, aun cuando no lo hagan sus ingresos. En el régimen “deuda gravada”, la inestabilidad financiera llega a amenazar tanto al consumo como al gasto de inversión.

 

En esencia, la crisis financiera mundial de 2007-8 puede ser explicada por el primer régimen dando paso al segundo. Empezó en los Estados Unidos” (al igual que en 1929-1933), y se propagó internacionalmente a través del comercio, flujos de capital y (especialmente) expectativas (de nuevo, como en 1929-1933, pero esta vez mucho más rápido, debido a la revolución en la tecnología de la información). La causa subyacente de la crisis financiera mundial fue la fragilidad financiera, y la causa inmediata fue el estallido de la burbuja inmobiliaria de Estados Unidos, lo que llevó a una caída en el gasto de consumo (a través de efectos riqueza negativos), el colapso de la inversión en vivienda, y la eventual caída en los valores financieros derivados que llevó a la quiebra de Lehman Brothers.

 

Existe cierta controversia sobre si la crisis financiera global realmente fue un “momento Minsky”, como a menudo ha sido descrita. Davidson (2008) niega esto, en razón de que los acreedores hipotecarios llamados NINJA[18] (“sin ingresos, sin empleo, sin activos”) no eran prestatarios Ponzi en el sentido Minsky. Davidson argumenta que la crisis financiera mundial, debería en cambio ser vista en un sentido más general como una crisis de reducción de deuda. Los minskyanos responden señalando el papel de la innovación financiera, de la nueva etapa del capitalismo de los gestores del dinero, de la desregulación y la evasión de los controles restantes sobre los mercados financieros, y de la creciente pérdida de memoria de los prestamistas en el período inmediatamente antes de 2007, todos estos, afirman, son totalmente consistentes con las ideas de Minsky.

 

Una especie de síntesis Kalecki-Minsky fue desarrollada por Richard Koo (2008) de Nomura Securities, que utiliza la experiencia japonesa desde 1990 para ilustrar los peligros de una severa “recesión de balance”, en el que un sobreendeudado sector privado recorta el consumo y el gasto de inversión con el fin de reducir su deuda. El álgebra kaleckiana de la sección 2.2 revela que esta reducción de la deuda en el sector privado implica necesariamente un aumento de la deuda en el sector público para el planeta o para cada nación. Por lo tanto, la austeridad fiscal será contraproducente. Si

 

Gasto =         Cw + CP + I + G,

Ingresos =     W + P + T,

y no hay ahorro o desahorro de los salarios, así que Cw = W, entonces

 

Cp + I + G + T = P, y

G – T = P – (Cp + I),

 

de manera que el déficit presupuestario del gobierno debe ser igual al superávit del sector privado. Por lo tanto, cuando el sector privado tiene el propósito de “desapalancar” (es decir, reducir su inaceptablemente deuda alta), un aumento de la deuda pública es parte de la solución, no parte del problema. Cualquier Estado-nación puede tener un superávit comercial y en consecuencia reducir la deuda tanto del sector público como del privado, pero esto solo aumenta el crecimiento de la deuda pública con sus socios comerciales; no es una solución para el mundo entero.

 

Koo se concentra en el caso de Japón, pero conclusiones muy similares se pueden extraer de la continua crisis de la Eurozona, y en particular de la prolongada depresión en los PIIGS (Portugal, Irlanda, Italia, Grecia y España; probablemente Eslovenia debería ser añadida a la lista). La única buena noticia en todo esto es que una nueva crisis financiera mundial puede retrasarse, ya que el éxito del desapalancamiento significa que la solidez financiera del sector privado ha aumentado (esto está relacionado con el “aspecto stock” del argumento de Minsky, señalado anteriormente en el apartado 3.3)[19].

 

7.2 Remedios y prevención

 

Así, la austeridad es exactamente el curso de acción equivocado para la Eurozona. La política fiscal no es ineficaz, y en el caso de los PIIGS está demostrando ser extremadamente perjudicial. El principio poskeynesiano de finanzas funcionales requiere que estos países continúen teniendo grandes déficits, y preferentemente usarlos para la inversión pública masiva en la conservación de la energía y otras mejoras ambientales. La política monetaria, no obstante, es relativamente ineficaz como remedio para una crisis de deuda (o crisis de balance), cuando ni el dinero barato ni la expansión cuantitativa son capaces de inducir un gran aumento en el consumo del sector privado o en el gasto de inversión.[20] La política monetaria sin duda debería ser reformada a lo largo de las líneas propuestas en la sección 6.1, pero los beneficios se verán solo en el largo plazo: el control sobre la inflación de precios de activos y la focalización de la estabilidad financiera deberían ser contemplados como medidas de prevención que harán que una nueva crisis sea menos probable.

 

Las medidas para reducir la desigualdad servirían como remedio y prevención. Si la participación de los salarios aumentara a expensas de la participación de los beneficios, y el 1% más rico de la población cediera a favor del 99% la parte inferior restante, habría un impulso al gasto de consumo y una reducción de la deuda de consumo insostenible. Las consecuencias macroeconómicas precisas de un aumento en la participación de los salarios dependen de los valores de parámetros relevantes[21]. Mientras que el consumo aumentará, se puede esperar que los gastos de inversión caigan, junto con las exportaciones netas (ya que el aumento de salarios hará que las importaciones sean más baratas y las exportaciones más caras). Para muchos países, especialmente aquellos que, como Australia, Canadá y China, son altamente dependientes del comercio, esto hace que una recuperación “impulsada por los beneficios” sea más plausible que una recuperación “impulsada por los salarios”. Pero una vez más aquí existe el peligro de una falacia de composición, ya que las exportaciones netas no pueden aumentar en cada nación. Para el planeta las perspectivas de una recuperación impulsada por los salarios parecen ser muy buenas, de manera que la desigualdad reducida traerá beneficios macroeconómicos significativos.

 

El aumento de la igualdad podría lograrse a través de más impuestos progresivos y la restauración de los beneficios sociales recortados en nombre de la austeridad. También hay fuertes motivos para la re-regulación del mercado de trabajo, la mejora de los derechos de los trabajadores en empleos temporales u ocasionales (el nuevo “precariado”) y los salarios crecientes en el fondo del mercado de trabajo. Alemania, en particular, necesita urgentemente un salario mínimo legalmente exigible, al igual que Austria. En países como Australia y Estados Unidos, donde ya existe un salario mínimo legal hay sólidas razones para indexarlo a los ahorros promedio, de modo que los salarios bajos no se queden constantemente atrás. Para reiterar: todo esto tendría claros beneficios macroeconómicos, además de las indudables mejoras que aportaría a la equidad y la justicia social.

 

Para tener éxito, sin embargo, tendría que ir acompañado de otras dos medidas. Primero, se necesitaría la cooperación internacional para prevenir el “nuevo Mercantilismo” que ha permitido que Alemania y China alcancen grandes excedentes comerciales oprimiendo los salarios. Esta es la versión del siglo XXI de las devaluaciones competitivas de la década de 1930, que beneficiaron a algunas naciones solo a expensas de las demás, y dañaron al mundo capitalista en su conjunto. En segundo lugar, se requiere un grado muy sustancial de definanciarización para reducir el tamaño, la inestabilidad y el poder político del sector FIRE mundial. Esto a su vez implica la introducción de las medidas de la reforma internacional de la política económica discutidas en la sección 6.4, para disminuir la magnitud y las consecuencias desestabilizadoras de los flujos financieros globales. En términos de política interna, se requerirá una clara revocación de la privatización de la vivienda y de las pensiones que contribuyó al proceso de financiarización en la era neoliberal.

  1. Poskeynesianos y (algunas) otras escuelas heterodoxas

 

Existen similitudes evidentes entre los poskeynesianos y otras escuelas heterodoxas (o cuasi-heterodoxa). El espacio me permite considerar solo tres de ellas.

 

8.1 Marxismo

 

Aquí Michał ³ Kalecki es el puente indispensable entre dos escuelas del pensamiento con mucho en común. Ambos, poskeynesianos y marxistas reconocen que están tratando con economías capitalistas, en las que la relación de trabajo es fundamental y la fuerza impulsora es la búsqueda de beneficios. De ahí que el dinero juegue un papel central, la ley de Say es repudiada (Marx la llamaba “balbuceo infantil”), e inevitablemente debe haber lo que Keynes denominó una “teoría monetaria de la producción” para analizar un sistema económico inestable y contradictorio. En el borrador de la Teoría General de 1993, Keynes utilizó el modelo D-M-M’-D’ de Marx del proceso de circulación capitalista y siguió de cerca el tratamiento del “problema de la realización” establecido por Marx en el tomo II de El Capital.

 

Esa es la buena noticia. También hay algunos grandes problemas[22]. Incluyen la teoría del valor-trabajo y los temas relacionados con distinguir el trabajo productivo del improductivo, determinar qué es, de hecho, el “producto” del trabajo en la era digital, y decidir si todavía hay grandes fuerzas que tienden a igualar la tasa de beneficio en un mundo de monopolios temporales schumpeterianos protegidos imperfectamente por derechos de propiedad intelectual (más que material). También hay problemas con el dogma de la tasa decreciente de beneficio, que está a su vez relacionado con varias dicotomías -base/superestructura, producción/circulación, real/monetaria, y las subyacentes realidad científica/apariencias superficiales- con ninguna de las cuales los poskeynesianos se sentirían cómodos en absoluto. También esperan que el capitalismo puede llegar a funcionar mejor, y por lo tanto, rechazan cualquier tendencia hacia el “Marxismo fatalista”, según el cual “la lógica del capital” y la profundidad de las contradicciones del sistema necesariamente impiden cualquier posibilidad de reforma.

 

8.2 Institucionalismo

 

Existen fuertes afinidades naturales entre los pensamientos poskeynesiano e institucionalista, incluyendo una hostilidad compartida a la economía dominante, en particular, su formalismo y especialmente sus variantes de equilibrio general (y sobre todo su EDGE). Un énfasis en el papel del hábito, la convención y las influencias sociales sobre el comportamiento individual es común para ambas escuelas. Asimismo, existe un considerable acuerdo sobre asuntos de política, ya que los poskeynesianos e institucionalistas tienden a compartir un compromiso con el “gran gobierno” y una herencia común en el New Deal y el compromiso socialdemócrata posterior a 1945. Keynes mismo fue un entusiasta partidario del institucionalismo de su época, y ha habido muchos vínculos personales posteriores; Steven Pressman y Charles Whalen se han destacado en las últimas décadas.

 

Como hemos visto, John Kenneth Galbraith también tenía intereses en ambos bandos. Muchos poskeynesianos han publicado en el “Journal of Economic Issues”, y algunos institucionalistas también han encontrado un hogar para su trabajo en el “Journal of Poskeynesian Economics”. Se podría argumentar que hay una división natural del trabajo, con los poskeynesianos especializándose en la macroeconomía y la teoría formal, dejando las cuestiones micro y el entorno socio-político a los institucionalistas. Pero esto también señala algunas posibles dificultades en la relación. A diferencia de muchos institucionalistas, pocos poskeynesianos se oponen, en principio, a modelos formales, mientras sean del tipo correcto, o al uso de métodos econométricos, siempre y cuando sean usados con el cuidado y el control apropiados. Quedan, sin embargo, algunas importantes cuestiones metodológicas sin resolver.

 

8.3 Economía del comportamiento

 

Una vez más, hay algunas similitudes obvias e importantes entre poskeynesianismo y la economía del comportamiento, más obviamente con el “viejo conductismo” de Herbert Simon (1916-2001) y sus asociados.[23] Ambas escuelas rechazan la concepción neoclásica de la racionalidad, en su lugar enfatizan los límites de la capacidad cognitiva humana, la importancia de la incertidumbre fundamental y el papel de las convenciones y reglas generales. También hay algunos puntos de acuerdo con el “Nuevo conductismo”, con mayor claridad en las cuestiones de la formulación de las decisiones, el contexto de la toma de decisiones y lo que a veces se define (desacertadamente, en mi opinión, como los “macrofoundamentos” del comportamiento individual).

 

Estas similitudes han llevado a Paul Davidson a considerar a Keynes como el primer economista del comportamiento y a proclamar a Simon como el padre de la racionalidad limitada. Pero también existe una fuerte sospecha de que la Nueva Economía del Comportamiento es realmente “la construcción del modelo neoclásico llevada a cabo por otros medios”, como Simon dijo una vez, y que por lo tanto debe ser evitada por los poskeynesianos. Parece que la macroeconomía del comportamiento, presagiada por George Akerlof en su discurso de aceptación del premio Nobel en 2001, es una promesa que se rechazó. El libro de Akerlof y Shiller acerca de los “espíritus animales” (2009) no solo malinterpreta a Keynes acerca de la prevalencia del comportamiento razonable bajo condiciones de incertidumbre fundamental, sino que además no tiene casi nada que decir acerca de la inversión o la relación inversión- ahorro. Las Conferencias sobre Macroeconomía Conductual (2012) de Paul de Grauwe, publicadas recientemente, también ponen demasiado énfasis en las imperfecciones del mercado y no lo suficiente en el principio de la demanda efectiva.

 

No obstante, los poskeynesianos tienen motivos para hacer uso de algunos aspectos de la economía del comportamiento, siempre y cuando se haga de una manera selectiva y auto-crítica. Esto podría permitir una formulación más realista de la función de la inversión, que siempre ha sido una fuente de dificultades en la macroeconomía poskeynesiana, y la literatura de finanzas del comportamiento también puede ser útil para los minskyanos en su trabajo acerca de la innovación financiera y los desafíos para la regulación financiera. Igualmente, hay señales de un redescubrimiento de la obra de George Katona (1901-1981), cuyo trabajo sobre el comportamiento del consumidor bien pudiera ser útil permitiendo una especificación más precisa de la función de consumo. Creo que hay razones sólidas para que los poskeynesianos adopten un enfoque “de mayor espectro” de la disciplina, en lugar de uno estrecho”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Referencias

 

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[1] Publicado originalmente en inglés en Wirtschaft und Gesellschaft 2013, Band 39 Nr.4, S485-508, http://wug.akwien.at/2013.htm#20134. Traducido al español por Darío Ibarra Zavala y Mónica Mireya Ortega (Unidad Académica Profesional Nezahualcóyotl, UAEM).

[2] Comparar Davidson (1972) y (2011).

[3] International Clearing Union:

[4] Kalecki (1943).

[5] Minsky (1986).

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[15] Ussher (2009).

[16] King (2010, 2011); Hein (2012).

[17] Kapeller y Schütz (2013).

[18] no income, no jobs, no assets, NINJA.

[19] Como lo expresó el periodista liberal austriaco Josef liberal Urschitz, durante el período 2007-9 se registró la mayor conversión de deuda privada a deuda pública en la historia humana (Urschitz, 2010).

[20] Culham y King (2013).

[21] Onaran y Galanis (2012).

[22] Falkinger (2013).

[23] Jefferson y King (2011).

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