Cuál fue el primer factor que motivó a los economistas neoclásicos a marginalizar la teoría keynesiana

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¿Cuál fue el primer factor que motivó a los economistas neoclásicos a marginalizar la teoría keynesiana? O la Arrogancia de Samuelson[1]

 Paul Davidson[2]

Recibido: Febrero 2016
Aceptado: Abril 2016

Resumen:

Se utilizan las palabras del propio Paul Samuelson para demostrar que él y sus seguidores “keynesianos” nunca entendieron la teoría general de Keynes o el desarrollo posterior del análisis keynesiano. Samuelson sostenía que la teoría de Keynes es un ajuste lento de un sistema walrasiano y cualquier teoría que rechace los fundamentos walrasianos no es una teoría económica válida. La arrogancia de Samuelson al creer que él había descubierto los “Fundamentos del análisis económico” es el primer factor que marginalizó a la teoría poskeynesiana. Keynes había rechazado explícitamente el sistema walrasiano. Sidney Weintraub, uno de la fundadores de la economía poskeynesiana, desarrolló los microfundamentos marshallianos que sirvieron de base para la teoría general de Keynes.

Palabras clave: Axioma ergódico, propiedades esenciales del dinero, microfundamentos marshallianos.

Abstract:

Paul Samuelson’s own words are used to demonstrate that he and his “Keynesian” followers never comprehended Keynes’s general theory or the Post Keynesian development of Keynes’s analysis. Samuelson claimed that Keynes’s theory is a slow adjusting Walrasian system and any theory which rejected the Walrasian foundations is not a valid economic theory. Samuelson’s arrogance in believing he had discovered the “Foundations of Economic Analysis” is the primary factor that has marginalized Post Keynesian theory. Keynes had explicitly rejected Walras’s system. Sidney Weintraub, a founder of Post Keynesian theory, developed the Marshallian micro foundations that are the foundations of Keynes’s general theory.

Key words ergodic axiom, money’s essential properties, Marshallian microfoundations.

Clasificación JEL: B41, metodología económica, B5 enfoques heterodoxos actuales E12 Keynes, Keynesianos, Poskeynesianos.

Este artículo explica por qué es que la arrogancia de Paul Samuelson al señalar que, él por sí sólo, había descubierto, entendido, explicado y publicado de modo matemático los micro fundamentos de toda la teoría económica (Samuelson, 1947) incluyendo a la teoría general de Keynes, fue la fuerza autoritaria que indujo a los economistas dominantes a ignorar el análisis económico poskeynesiano. Cualquier teoría que rechazara los fundamentos walrasianos especificados por Samuelson era, de acuerdo con el propio Samuelson, una teoría económica no válida. Sin embargo, como se explica más abajo, Keynes explícitamente rechazó los fundamentos walrasianos del análisis de Samuelson –mientras que un fundador de la teoría poskeynesiana, Sidney Weintraub (1958), explícitamente desarrolló los micro fundamentos que se encuentran en la teoría general de Keynes.

Algunos economistas han sugerido que es paranoia lo que hace creer a los poskeynesianos que han sido ignorados o, en el mejor de los casos, marginalizados por la economía dominante. El diccionario define paranoia como “un desorden mental caracterizado por ilusiones sistematizadas y la proyección de conflictos personales, que son atribuidos a la supuesta hostilidad de otros” y “excesiva sospecha o sin base de los motivos de otros.” (Merriam-Webster, 1987).

Utilizando las propias palabras de Samuelson, demostraremos que la hostilidad de Samuelson y sus seguidores “keynesianos” hacia, tanto el análisis real del propio Keynes, como a las explicaciones poskeynesianas del análisis keynesiano y su posterior desarrollo, no es imaginario. Samuleson sostiene que el análisis de Walras debe ser el fundamento de la Teoría General de Keynes, y que los microfundamentos walrasianos de la Macroeconomía keynesiana expuestos por los poskeynesianos podrían, y deberían, ignorarse.

Paul Samuelson es el fundador de la escuela keynesiana americana que él mismo llamó “la síntesis neoclásica del keynesianismo” porque el propio Samuelson creyó que la teoría microeconómica walrasiana era el fundamento de la teoría macroeconómica de Keynes. El libro de texto introductorio de Samuleson ha tenido 19 ediciones y es el libro de texto de Economía que más se ha vendido (4 millones de copias). No es sorpresa que muchos economistas (y políticos) hayan tenido su primera exposición a lo que se llamó “keynesianismo” de Samuelson o alguno de los textos de sus seguidores neo keynesianos. Tampoco es sorpresa que los economistas dominantes crean que la teoría poskeynesiana no se ajuste a la descripción de lo que Samuelson llama un análisis económico válido.

En su libro La llegada del Keynesianismo a EE. UU.[3], Colander y Landreth (1966, p. 23) otorgan el crédito a Paul Samuelson por salvar las bases pedagógicas de la revolución keynesiana del destructivo espíritu anticomunista (McCarthismo) que azotó a EE.UU. en los años inmediatos posteriores a la Segunda Guerra Mundial.

Lori Tarshis, un canadiense que había estudiado y asistido a las cátedras de Keynes en la universidad de Cambridge durante los inicios de 1930’s, había, en 1947, publicado un libro de texto introductorio que incorporaba los notas de Tarshis de la interpretación de la Teoría General de Keynes. Colander y Landreth notaron que a pesar de la popularidad que en sus inicios tuvo el libro de Tashis, sus ventas rápidamente cayeron al ser atacada por los administradores y donadores de las universidades americanas al considerarlo como herejía económica “socialista”. El frenesí del libro de Tashi llegó a su pináculo cuando William Buckley, en su libro Dios y el hombre en Yale (1951), atacó el análisis de Tarshis diciendo que estaba inspirado en el comunismo.

En agosto de 1986, Colander y Lander (de aquí en adelante C-L) entrevistaron a Paul Samuelson, (C.L, 1996, pp.145-178) acerca de cómo se convirtió en economista y “keynesiano”. Samuelson señaló que reconocía la “virulencia del ataque a Tarshis” y por lo tanto escribió su libro “cuidadosamente y como abogado” (C-L. 1996, p. 172). El término “síntesis neoclásica keynesiana” no apareció en la primera edición del libro de texto de Samuleson, Economía, un análisis introductorio (1948), que fue publicado justo antes del ataque al libro de Tarshis. El término síntesis neoclásica, sin embargo, apareció notoriamente en las ediciones posteriores del libro de Samuelson. En retrospectiva, parecería que la afirmación de Samuelson de su término macroeconomía keynesiana es sintetizada con (y basada en) los supuestos tradicionales de la Macroeconomía walrasiana, haciendo la versión del keynesianismo de Samuelson menos propenso a recibir ataques en el sentido de proponer herejías socialistas a los cursos universitarios de Economía comparado con el análisis keynesiano de Tarshis.

En 1941, la tesis doctoral de Samuelson ganó el premio Wells por la mejor tesis doctoral de Economía en Harvard. Por lo tanto, desde el principio de su carrera como economista, Samuelson ya era identificado por los economistas neoclásicos dominantes como uno de los que se convertirían en los más grandes analistas. Su tesis fue mejorada y finalmente publicada como Los fundamentos del análisis Económico[4] (1947), basándose en la visión de Samuelson, en el sentido de los fundamentos de toda la teoría económica, cualquier rama del keynesianismo dominante tenía que basarse en los fundamentos del análisis económico (1947) y sus fundamentos clásicos de microeconomía walrasiana. Si los microfundamentos de la Macroeconomía no eran walrasianos, entonces no podría ser ni lo que Keynes quiso decir, ni ninguna otra teoría macroeconómica válida.

Samuelson proclamó esta creencia a pesar de que Keynes, como estudiante de Marshall, había basado los microfundamentos de la Teoría General en el análisis microeconómico de Marshall y no en el de Walras. Más aún, Keynes (1936, p. 177, 179) había denunciado el enfoque de Walras como erróneo cuando escribió “Ahora el análisis de los capítulos previos (de la Teoría General) han hecho claro que esta forma (en Walras) de hacer debe ser errónea… este (sistema Walrasiano) es una teoría sin sentido”.

Sin embargo, como veremos más abajo, Samuelson sostuvo que el análisis de Keynes debe estar basado en la rigidez de sueldos y precios en un sistema walrasiano. Weintraub [1958], por otra parte, desarrolló el principio keynesiano de la demanda efectiva al demostrar que la oferta agregada de Keynes podría derivarse de las funciones de oferta de la industria del enfoque marshaliano y la curva de demanda agregada de las curvas de demanda microeconómica marshalianas, incluso cuando los sueldos y precios eran flexibles. (Una explicación de libro de texto de la derivación de las curvas keynesianas de oferta y demanda agregadas derivadas por Weintraub utilizando principios microeconómicos marshalianos se especifican en Davidson [2011, ch. 2].)

En la entrevista con C-L, Samuelson señaló que en el periodo previo a la Segunda Guerra Mundial, “mis amigos, los que no eran economistas, me consideraban como alguien muy conservador” [C-L, 1996, p. 154]. Samuelson se graduó de la Universidad de Chicago en junio de 1935 y, como se lo explicó a Colander y Landreth [C-L], que de no ser por la beca que recibió del Consejo de Investigación en Ciencias Sociales (Social Science Research Council Fellowship) que recibió una vez graduado, habría realizado sus estudios de grado en la Universidad de Chicago [C-L, 1996. P. 154-5]. Consecuentemente, fue la mano visible de la beca que puso a Samuelson en Harvard al momento en que la Teoría General de Keynes era publicada en 1936. ¿A qué clase de información sobre la Teoría General de Keynes fue expuesto Samuelson en Harvard?

Un canadiense, Robert Bryce, había atendido las lecciones de Keynes en Cambridge entre 1932 y 1935. En una entrevista en 1987 con Colander y Landreth [1996,pp. 39-48], Bryce señaló que en la primavera de 1935, él (Bryce) dedicó la mitad de cada semana en la London School of Economics (LSE) y la otra mitad a Cambridge. En la LSE Bryce utilizó sus notas de clase de Cambridge para escribir un ensayo sobre las ideas revolucionarias de Keynes –sin haber leído la Teoría General- para los economistas de la LSE-. Este ensayo impresionó tanto a Hayek que (Hayek) permitió a Bryce tener cuatro semanas consecutivas del seminario de Hayek para explicar las ideas de Keynes del modo en que Bryce las había escrito en este ensayo. Las lecciones de Bryce fueron un gran éxito en la LSE [C-L, 1996, p. 43].

En el verano de 1935, Bryce fue a Harvard y estuvo ahí por dos años. Durante ese tiempo un grupo informal se reunía durante las tardes para discutir el libro de Keynes. Bryce, utilizando el ensayo previo a la Teoría General que había utilizado como la base para sus pláticas en la LSE, presentó a este grupo lo que él creía que era el análisis de la Teoría General –aunque él no había leído aún la Teoría General– De modo que en 1936 el ensayo de Bryce se convirtió en la base de lo que la mayoría de los economistas de Harvard, incluyendo a Samuelson, pensaban que era el análisis de Keynes –aun cuando Bryce no había leído el libro cuando hacía sus presentaciones.

Incluso en 1987, Bryce afirmó que “cualquiera que estudie ese libro quedará muy confundido. Se trata de… un libro provocativo pero difícil”. (C-L, 1996p. 44-46). La pregunta inmediata, por lo tanto es: “¿Realmente conocía Bryce las bases de la estructura analítica de Keynes?”. Y si no, ¿cómo afectó esto el modo en que el joven Samuelson y otros en Harvard en 1936 aprendieron sobre la estructura analítica de Keynes?

Samuelson había señalado que su primer acercamiento a la Teoría General de Keynes se debió a Bryce [C–L, 1996, p. 158]. Sin embargo, después de leer la Teoría General en 1936, Samuelson tal vez reflejó la óptica de Bryce sobre las dificultades de entender el libro de Keynes, encontró que la Teoría General era “de mal sabor” e incomprensible [C-L, 1996, p. 159]. Samuelson señaló que “el modo en que finalmente me convencí fue no sólo dejar de preocuparme por esto [por entender el análisis de Keynes]. Me pregunté a mi mismo: ¿porqué rechazo un paradigma que me permite entender el cambio de Roosevelt de 1933 a 1937?… Estaba contento por asumir que había suficiente rigidez en los precios relativos y los sueldos para hacer al keynesianismo como una alternativa a Walras”. [C-L, 1996, pp159-160, énfasis añadido].

Si la teoría walrasiana clásica era la teoría económica correcta para nuestra economía, entonces este “caso especial” walrasiano sería, de hecho, la “Teoría General” y el análisis agregado de Keynes no sería formalmente erróneo, sino vacío y redundante. Vale la pena notar, en este punto, que los economistas dominantes después de la Segunda Guerra Mundial trataron la teoría keynesiana como un “caso especial” de la teoría general (del Walrasianismo) clásico, aplicable no sólo a condiciones donde los sueldos nominales, precios e interés eran “fijos”.

Weintraub, por otro lado, siguiendo a Keynes, argumentó que al hacer un análisis walrasiano de la Teoría General y a Keynes considerarlo como un caso especial, le quitaban la esencia al análisis keynesiano.

Aparentemente Samuelson nunca intentó comprender el marco analítico marshalliano de los fundamentos de Keynes. Pero en 1986 Samuelson todavía sostenía que “nosotros [los keynesianos] siempre asumimos que el equilibrio keynesiano del desempleo flotaba en una sub estructura de precios administrados y de competencia imperfecta”  [C-L, 1996, p.160].  Cuando fue presionado por Colander y Landreth sobre si este requerimiento de rigidez fue alguna vez formalizado en su trabajo, la respuesta de Samuelson fue “no fue necesario” [C-L, 1996, p. 161].

Más aún, específicamente en el capítulo 19 de la Teoría General titulado “cambios en los sueldos monetarios” y aún más directamente en la respuesta a Dunlop [1938] que Keynes publicó, Keynes [1939b] ya había respondido negativamente a esta pregunta sobre si su análisis del equilibrio en desempleo requería competencia imperfecta, precios administrados y/o sueldos rígidos. Dunlop había argumentado que el modelo puramente competitivo se justificaba empíricamente, por lo tanto, era un precio monopolístico y sueldos fijos que deberían ser la base del equilibrio en desempleo de Keynes. La respuesta de Keynes simplemente: “me quejo un poco de que yo debería ser criticado en particular por conceder un poco a la otra óptica” [ Keynes, 1973b, p. 411]. En los capítulos 17-19 de su Teoría General, Keynes explícitamente demostró que incluso si existían sueldos monetarios y precios perfectamente flexibles (“concediendo un poco a la otra óptica”), no había mecanismo de mercado automático que pudiera restaurar el nivel de pleno empleo de la demanda efectiva. En otras palabras, la Teoría General de Keynes –utilizando fundamentos microeconomícos marshallianos- podría mostrar que, lógicamente, podría existir un equilibrio inferior al de pleno empleo en una economía competitiva y pura con sueldos monetarios y precios flexibles.

Obviamente Samuelson, que se convirtió en el principal keynesiano americano de su tiempo, no había leído, o no comprendió, (1) la respuesta de Keynes a Dunlop, o más aún, (2) tampoco leyó o entendió el capítulo 19 de la Teoría General cuyo título era “cambios en los sueldos nominales”. En el capítulo 19, Keynes explícitamente señaló que la teoría del equilibrio del desempleo no requería “una rigidez” en los sueldos monetarios [Keynes, 1936a, p. 257]. Keynes lo planteó así:

“En la teoría clásica se ha acostumbrado para la mayoría el supuesto carácter de ajuste automático del sistema económico cuando se asume fluidez del sueldo monetario; y, cuando hay rigidez, para descansar en esta rigidez, se culpa al ajuste incompleto… Mi diferencia con esta teoría es primeramente una diferencia de análisis.” [Keynes, 1936a, p. 257].

Keynes [1936a, p. 259] indicó que el asumir dicha rigidez era la primera causa de la existencia de un equilibrio de desempleo que  descansa en la aceptación del argumento de las funciones de demanda microeconómicas “solo pueden construirse en un conjunto fijo de supuestos de la naturaleza de la demanda y oferta de otras industrias y fijarse en la cantidad de la demanda agregada efectiva. Es inválido, por lo tanto, transferir el argumento de la industria, como un todo, a menos que también se transfiera el argumento de que la demanda agregada efectiva es fija. Sin embargo, Keynes [1936, p. 259] argumentó que este supuesto reduce el argumento a una “conclusión irrelevante”.[5]

Una conclusión irrelevante es una falacia en la lógica al ofrecer una prueba irrelevante a la proposición en cuestión. Desafortunadamente Samuelson apeló a la misma conclusión irrelevante cuando argumentó que la Teoría General de Keynes era simplemente un sistema walrasiano de equilibrio general, donde, si existe un shock exógeno hacia la demanda efectiva, los sueldos rígidos y los precios creaban un desequilibrio temporal que evitaba que el equilibrio de pleno empleo se reestableciera en el corto plazo.

Como Keynes lo explicó: “mientras nadie negaría la proposición de que una reducción en los sueldos monetarios acompañados por la misma demanda agregada efectiva que antes vendrá acompañada por un incremento en el desempleo, la pregunta precisa a la mano es si la reducción en los salarios monetarios vendrá o no acompañado por la misma demanda agregada efectiva que antes, medida en términos de dinero, o de cualquier manera, por una demanda agregada efectiva que no se ha reducido en la misma proporción que la reducción de los sueldos monetarios” [Keynes, 1936a, pp.259-60]. Keynes dedicó entonces el resto del capítulo 19 a explicar por qué y cómo un análisis de la Teoría General debería buscar una relación entre el cambio en los sueldos monetarios y/o los precios y los cambios en la demanda agregada efectiva –un análisis que, por supuesto, no es relevante para el sistema walrasiano o la síntesis neoclásica que hizo Samuelson del keynesianismo.

Al mismo tiempo que Samuelson se convirtió en keynesiano convenciéndose a sí mismo de no preocuparse sobre el marco analítico de Keynes, Tarshis había obtenido un puesto en Tufs University, apenas a media hora de viaje de Harvard. Tarshis se reuniría frecuentemente con el grupo de Harvard, incluído Bryce, que estaban discutiendo a Keynes. Tarshis notó que “Samuelson no se encontraba en el grupo keynesiano. Estaba ocupado trabajando en sus propios asuntos. Decir que se convirtió en keynesiano era ridículo.” (C-L, 1996, p. 64).

Más aún, Paul Samuelson se llamó a sí mismo “keynesiano” e incluso “poskeynesiano” en varias ediciones de su famoso libro de texto. Sin embargo, la “síntesis neoclásica” teórica de Samuelson tenía fundamentos axiomáticos que no se deducían lógicamente por Keynes.

Al mismo tiempo que Samuelson desarrollaba su síntesis neoclásica del keynesianismo, trabajaba en los detalles de su pieza maestra Fundamentos del análisis económico [1947].[6] En sus Fundamentos, Samuelson establecía explícitamente (o implícitamente) ciertos axiomas clásicos específicos que son la base tanto de la Economía clásica como de su análisis de la macroeconomía keynesiana neoclásica. Por ejemplo, Samuelson notó que “en un mundo competitivo sería tonto tener dinero como depósito de valor, dado que otros bienes tienen un rendimiento positivo” (Samuelson, 1947, pp. 122-4). Esta afirmación significa que (1) cualquier bien que produce un rendimiento positivo es un sustituto grueso del dinero como una forma de conservar el ahorro personal y, (2) el dinero es neutral. Por lo tanto, al mismo tiempo que Samuelson estaba promoviendo su marca pedagógica de keynesianismo, en su libro de texto argumentaba que el axioma de sustitución grueso y el axioma de neutralidad del dinero eran parte de sus fundamentos sobre los que todo el análisis económico debería construirse. (Hemos señalado [Davidson, 1972, 2007, 2009, 2011] que Keynes específicamente rechazó esos dos axiomas clásicos como fundamentales para su Teoría General.)

Más aun, en un artículo publicado en 1969, Samuelson argumentó que “la hipótesis del [axioma] ergódico” es un fundamento necesario si la Economía debe ser una “Ciencia dura”. [Samuelson, 1969, p. 184]. (Como hemos explicado [Davidson, 1982-83, 2007, 2009, 2011], Keynes también rechazó este axioma ergódico).

¿Qué es un axioma ergódico? Si concebimos a la economía como un proceso estocástico (probabilístico), entonces el resultado futuro de cualquier decisión presente se determina a través de una distribución de probabilidad. Lógicamente hablando, para hacer pronóstico estadístico confiable sobre futuros eventos económicos, el tomador de decisiones debería obtener y analizar muestras de datos del futuro. Dado que eso es imposible, el supuesto de un proceso ergódico estocástico permite al analista aseverar que datos del pasado y los datos del presente son equivalentes a extraer datos del futuro. En otras palabras, el axioma ergódico implica que el resultado de cualquier fecha futura es la sombra estadística de los datos del mercado del pasado y del presente. Las distribuciones de probabilidad basados en datos pasados, proveerán, bajo el axioma ergódico, información estadística confiable sobre eventos futuros.

En otras palabras, el axioma ergódico por lo tanto, asegura que un resultado asociado con cualquier dato futuro puede ser razonablemente pronosticado a través del análisis estadístico de la información que ya existe. El futuro, por lo tanto, nunca es incierto     –siempre puede ser razonablemente pronosticado a través del análisis estadístico de los datos que ya existen-. Los resultados futuros, en un sistema ergódico, tienen riesgo probabilísitico, pero son razonablemente predecibles. (En un modelo económico determinístico, no estocástico, ortodoxo, el axioma de ordenamiento clásico juega el mismo papel que los axiomas ergódicos de los modelos estocásticos clásicos.)

En un mundo ergódico, en el largo plazo, el futuro está predeterminado y no puede cambiarse por nada que los humanos o los gobiernos hagan. Por lo tanto, cada regulación gubernamental de los procesos de los mercados o interferencia en los mercados competitivos normales (asumidos como ergódicos), podrían, en el corto plazo, evitar que el sistema alcance el nivel de pleno empleo asegurado por los axiomas del sistema clásico walrasiano. En un sistema ergódico donde el futuro puede ser razonablemente pronosticado de modo tal que el futuro rendimiento real de los activos puede pronosticarse con certeza actuarial, y donde el axioma de sustitución gruesa se encuentra detrás de todas las curvas de demanda, en tanto que los precios son flexibles, el dinero debe ser neutral y el sistema se ajusta automáticamente al equilibrio general. Si, por otro lado, los precios son fijos en el corto plazo, entonces tomará más tiempo por el teorema de sustitución gruesa el trabajar en el sistema, pero, al menos en el largo plazo, un equilibrio general en el largo plazo está garantizado. En el análisis de La Teoría General de Keynes, por otra parte, un equilibrio de pleno empleo no está asegurado ni en el corto ni en el largo plazo.

Samuelson [C-L, 1996, p. 163] afirmó que en su óptica, el análisis de Keynes es un sistema de “ajuste de desequilibrio muy lento”, donde el “equilibrio walrasiano completo no se alcanzaba” en el corto plazo debido a que los precios y los sueldos no se ajustan lo suficientemente rápido a un choque exógeno. Sin embargo, el sistema económico, si se dejara funcionar sin intervención, alcanzaría el pleno empleo en el largo plazo.

En contraste, en el texto de la primera página de La Teoría General, Keynes [1936a, p. 3] explicó que “los postulados de la teoría clásica [walrasiana] son aplicables a un caso particular y no al caso general… aún más, las características del caso especial asumido por la teoría clásica no ocurre en las sociedades económicas en las que realmente vivimos, con el resultado de que su enseñanza nos lleva al error y al desastre si intentamos aplicarla a la vida real.” (Keynes, 1936a, p. 3).

En el prefacio a la edición en Alemán de la Teoría General [1936b, p. ix] Keynes notó específicamente que “Esta es una de la razones que justifican el que yo llame a mi teoría como teoría [énfasis en el original] general. Dado que está basada en unos pocos supuestos restrictivos [‘weniger enge Voraussetzunger stutz’] que la teoría ortodoxa ha adaptado más fácilmente a un área más grande de circunstancias diferentes”. En otras palabras, Keynes argumentaba que lo que hacía su sistema analítico más general que el análisis clásico (o el equilibrio general walrasiano) era que La Teoría General de Keynes requiere un menor número de axiomas que la teoría walrasiana. Teorías alternativas son, por lo tanto, casos especiales que imponen axiomas restrictivos adicionales a los axiomas fundamentales de La Teoría General. La carga está, por lo tanto, en aquellos que adicionan axiomas restrictivos a La Teoría General para justificar los mismos axiomas adicionales. Los teóricos que invocan sólo a la base axiomática de La Teoría General, no requieren, lógicamente, probar que los axiomas restrictivos adicionales son innecesarios.

La interpretación de Sidney Weintraub [1956] de La Teoría General de Keynes se deduce directamente del enfoque revolucionario de Keynes al analizar el dinero utilizado en la economía donde éste nunca es neutral, incluso en una economía hipotética de condiciones de mercado competitivo incluyendo la existencia de sueldos y precios perfectamente flexibles. Keynes [1936a, p. 26] argumentó que incluso si dicho mercado era puramente competitivo, éste no alcanzaría automáticamente un equilibrio general de pleno empleo en una economía monetaria.

Keynes comparó a los economistas cuya lógica teórica está basada en el caso especial clásico al que se le agregaban axiomas restrictivos con los geómetras euclidianos que viven en un mundo no euclidiano “que :

descubriendo en la práctica que las líneas rectas aparentemente paralelas con frecuencia se cruzan, reprimir a las líneas por no mantenerse rectas –como si fuera la solución para la desafortunada colisión que estaba teniendo lugar-. Sin embargo, en realidad no hay remedio excepto descartar el axioma de líneas paralelas y trabajar en geometría no euclidiana. Algo similar se tiene que hacer ahora en la Economía” [Keynes, 1936a, p. 16].

Descartar un axioma es rechazar lo que los creyentes de la fe creen que son “verdades universales”. La revolución de Keynes en la teoría económica requiere economistas que “descarten” tres restrictivos axiomas clásicos de sus fundamentos teóricos. Los axiomas clásicos que Keynes descartó en su revolucionario análisis general fueron [1] el axioma de la neutralidad del dinero, [2] el axioma de sustitución grueso, y [3] el axioma de un mundo económico ergódico.

En 1935 Keynes explícitamente notó que en su marco analítico el dinero importaba tanto en el largo como en el corto plazo, por ejemplo, el dinero nunca es neutral. El dinero afecta las decisiones reales de los que toman decisiones. En 1935 Keynes escribió:

“la teoría que considero lidiaría con una economía en la que el dinero juega una parte por sí misma y afecta los motivos y decisiones, y es, en pocas palabras, uno de los factores operativos en cada situación, de modo tal que  el curso de los eventos no puede predecirse ni en el corto plazo ni el largo plazo, sin conocer el comportamiento del dinero entre el primer estado y el último. Y esto es lo que queremos decir cuando hablamos de una economía monetaria” [Keynes, 1935, pp. 408-9].

Cuando Keynes desarrolló su teoría de preferencia por liquidez, reconoció que su teoría de desempleo involuntario requería específicamente “Las propiedades esenciales del interés y el dinero” [1936a, ch. 17] esto diferenciaba sus resultados de la teoría clásica. Esas “propiedades esenciales” aseguraban que el dinero y otros activos líquidos nunca fueran neutrales. Estas propiedades esenciales [Keynes, 1936a,  pp. 230-231] son:

Una elasticidad cero de la producción significa que el dinero no crece en los árboles y consecuentemente, los trabajadores no pueden ser contratados para cosechar dinero de los árboles cuando la demanda por dinero se incrementa.  O como lo escribió Keynes: “el dinero… no puede reproducirse rápidamente; el trabajo no puede transformarse a la voluntad de los empresarios para producir dinero en cantidades crecientes en la medida que los precios suben” [Keynes. 1936a, p. 230]. En otras palabras, cuando la demanda por dinero (liquidez) se incrementa, los empresarios del sector privado no pueden contratar trabajadores para producir más dinero para ajustar este incremento en la demanda por bienes no reproducibles (por el sector privado).

En la teoría walrasiana clásica, por otra parte, el dinero es un bien reproducible. En muchos modelos de textos neoclásicos, así como en el sistema walrasiano, los cacahuates o algún otro bien reproducible por la industria es el dinero mercancía o numerario. Los cacahuates no crecen en árboles, pero crecen en la las raíces de arbustos. La oferta de cacahuates puede fácilmente aumentarse contratando trabajadores adicionales por empresarios del sector privado.

La elasticidad de sustitución igual a cero asegura que la porción del ingreso que no se gasta en productos de la industria para fines de consumo, por ejemplo, ahorro, encontrarán en términos de Hahn [1977, p. 31] “lugares de descanso” en la demanda de bienes no producibles, por ejemplo, activos líquidos. Aproximadamente cuarenta años después de Keynes, Hahn redescubrió el punto de Keynes de que un equilibrio estable de desempleo involuntario podría existir incluso en un sistema puramente competitivo con sueldos y precios flexibles donde hay “lugares de descanso para el ahorro en otros bienes en lugar de activos reproducibles” [ Hahn, 1977, p. 31].

Hahn demostró rigurosamente lo que era intuitivamente lógico para Keynes. Hahn [1977, p. 37] mostró que la óptica de que con “sueldos monetarios flexibles no habría desempleo no tenía un argumento convincente para recomendarlo… incluso en los modelos tradicionales tipo tatonnement no puede probarse de un modo general la convergencia hacia el equilibrio [general]” si los ahorros fueran mantenidos en forma de bienes no producibles… Hahn [1977, p. 39] argumentó que “cualquier activo no reproducible permite escoger entre una demanda que induce al empleo o al desempleo.” Correspondientemente, la existencia de una demanda por dinero y otros activos líquidos no reproducibles (que no son sustitutos gruesos de los productos del capital de las industrias productoras de bienes es) como almacen de “ahorros”, significa que todo el ingreso percibido por los hogares que trabajan en la producción de bienes no está, en el corto plazo, necesariamente gastado en productos de la industria. Los hogares que quieren ahorrar esa parte de su ingreso que no desean consumir (por ejemplo, que no desean gastar en productos de la industria) en activos líquidos, están escogiendo, en las palabras de Hahn, “una demanda que induce al no empleo” por sus ahorros.

Si el axioma de sustitución grueso fuera universalmente aplicable, sin embargo, cualquier ahorro nuevo que incrementaría la demanda de bienes no producibles, por lo tanto, incrementaría el precio de bienes no producibles (cuya curva de oferta es, por definición, perfectamente inelástica). El precio relativo resultante crece en los no reproducibles frente a los producibles, bajo el axioma de sustitución grueso, inducir ahorradores a incrementar su demanda por bienes reproducibles duraderos como sustitutos de no reproducibles en su tenencia de riqueza. Consecuentemente los bienes no reproducibles no podrían ultimadamente dejar lugar para los ahorros en tanto que desbordarían en una demanda por bienes producibles [Cf. Davidson, 1972].

El supuesto de Samuelson de que todas las curvas de demanda están basadas en un ubicuo axioma de sustitución grueso implica que todo es sustituto de todo lo demás. En los Fundamentos para el análisis económico de Samuelson, por lo tanto, los bienes producibles deben ser buenos sustitutos gruesos de cualquier activo no reproducible que exista (incluyendo al dinero) cuando éste último se usa como depósito de valor, de acuerdo con los Fundamentos de análisis económico de Samuelson, se cancela la posibilidad lógica de desempleo voluntario en tanto que los precios sean perfectamente flexibles.

El keynesianismo de Samuelson es meramente una forma de análisis del caso especial clásico que, si se aplica al mundo real, es “erróneo y desastroso” [Keynes, 1936a, p. 3]. En ausencia del universalmente restrictivo axioma de sustitución gruesa, sin embargo, los efectos ingreso (por ejemplo, el multiplicador keynesiano) pueden predominar y minimizar cualquier hipotético efecto sustitución clásico. Tal como en una geometría no euclidiana las líneas que son aparentemente paralelas frecuentemente chocan una con otra, en el mundo poskeynesiano de la Economía Keynesiana, un incremento en la demanda por “ahorros” incluso si éstos elevan los precios relativos de los bienes no producibles, no se convertirán en demanda de bienes producibles y por lo tanto cuando los hogares ahorren una porción de su ingreso, habrán elegido una “demanda que induce al desempleo”.

Finalmente, Keynes argumentó que solo en una economía de empresarios que usan dinero donde el futuro es incierto (y por lo tanto no podría ser predicho razonablemente) el dinero (y otros activos líquidos) siempre serían no neutrales en tanto fuesen utilizados como mecanismo de ahorro. En esencia, Keynes veía al sistema económico como un movimiento en el tiempo calendario desde un pasado irrevocable hacia un futuro incierto, y no estadísticamente predecible. Esto requería que Keynes rechazara el axioma ergódico.

En suma, los fundamentos teóricos de Samuelson requieren tres axiomas clásicos que son equivalentes al axioma de las líneas paralelas en geometría. Claramente la Macroeconomía de Samuelson no es aplicable a un mundo económico “no euclidiano” donde hay empresarios que utilizan dinero y cuyo sistema desarrolló en su Teoría General. El rechazo de Samuelson del análisis de Weintraub y el desarrollo poskeynesiano es meramente un despliegue de arrogancia.

Más aún, como uno de los que atendieron la conferencia sobre el 100 aniversario del nacimiento de Keynes, en Kings College, en la Universidad de Cambridge, puedo proveer de más evidencia sobre la arrogancia de Samuelson. En esta conferencia, reté a Samuelson sobre su afirmación de que Walras era el teórico  de los microfundamentos de la Teoría General de Keynes, Samuelson respondió con palabras despectivas para el análisis de lo que él llamo “keynesianos de ideas viejas”. Samuelson mencionó específicamente a Joan Robinson y Sidney Weintraub como “keynesianos de ideas viejas” cuyo análisis era defectuoso. Samuelson proclamó que él y sus seguidores son los “reconstructores del keynesianismo” que son los únicos que reconstruyeron correctamente el principio de Keynes de la demanda efectiva.

Paul Samuelson salvó al término “keynesianismo” de ser eliminado de los libros de texto posteriores a la Segunda Guerra Mundial por el movimiento anti comunista de McCarthy de ese tiempo. Pero el costo de dicha salvación fue que el significado de la teoría de Keynes estuviera al servicio de los economistas neoclásicos y se perdiera de su raíces analíticas originales, donde se demostraba que el dinero se usa en la economía, que los precios y salarios monetarios flexibles no son ni condición necesaria ni suficiente para asegurar equilibrio de pleno empleo, incluso en el largo plazo.

La visión de Samuelson del keynesianismo resultó en un aborto del análisis revolucionario de Keynes que alteraba los fundamentos de la economía dominante. Consecuentemente lo que se conoce como conocimiento macroeconómico convencional a principios del siglo XXI no es otra cosa que una versión altamente matematizada y de alta tecnología de la economía clásica del siglo XIX. Sidney Weintraub desarrolló la teoría poskeynesiana peleando contra el erróneo análisis macroeconómico de Samuelson. Como estudiante de Weintraub, puedo decir que Weintraub creía que la versión walrasiana de Samuelson no sólo era incorrecta –sino que recomendaba malas decisiones de política cuando las recesiones y empleo elevado surgen como amenaza.

Las políticas económicas contemporáneas, tales como “austeridad” y temor a déficit gubernamentales, adoptados en Estados Unidos y la eurozona, demuestran el daño a las economías del mundo real de la arrogancia de Samuelson al proclamar que su keynesianismo “reconstruído” proveía los fundamentos analíticos correctos para entender el mundo económico en que vivimos. En el otro lado, la explicación poskeynesiana de Sidney Weintraub de La Teoría General de ser tomada por los economistas neoclásicos y los políticos, habría hecho que en el mundo en que vivimos, tuviésemos una sociedad más próspera y una sociedad económica civilizada.

Referencias

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  • Samuelson, P. A. (1947), Foundations of Economic Analysis. Cambridge, Harvard University Press.
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  • Weintraub, S. (1958), An Approach To The Theory of Income Distribution, Chilton, Philadelphia.

[1] Publicado originalmente en inglés en el Journal of Post Keynesian Economics, Volume 37, Issue3, 2015. Traducción de Darío Ibarra Zavala.

[2] El Dr. Paul Davidson es el Editor del Journal of Post Keynesian Economics y miembro del consejo Editorial de Ekonomia. Es autor, coautor o editor de 22 libros.

[3] The Coming of Keynesianism to America

[4] Foundation of Economic Analysis (1947).

[5] ignoratio elenchi en el original.

[6] Foundations of Economic Analysis [1947].

[1] la elasticidad de producción de todos los activos líquidos, incluyendo el dinero, es cero o insignificante, y

[2] la elasticidad de sustitución entre activos líquidos (incluyendo el dinero) y los bienes reproducibles es cero o insignificante (Keynes, 1936a, pp. 230–231).

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