El modelo económico cubano y el extravío de América Latina

Compartir en:

 

Coyuntura Económica  

El modelo económico cubano y el extravío de América Latina

Darío Ibarra Zavala[1]

 

Recibido: Marzo 2016
Aceptado: Abril 2016

En los primeros meses de 2016 un presidente de Estados Unidos pisó tierra cubana después de casi sesenta años de no tener relaciones económicas ni diplomáticas con la isla. Lo esperado es que gradualmente las relaciones económicas se restablezcan y pronto pueda haber productos norteamericanos en Cuba.

Hace casi sesenta años la revolución cubana llevó al poder a los hermanos Castro. Desde entonces se convirtió en el único país que siguió el camino del socialismo en América. En ese entonces el socialismo era visto por diversos círculos latinoamericanos como un sistema social deseable. No sólo el socialismo, pues a la par algunas escuelas económicas, como la de la CEPAL, eran estudiadas con seriedad y se pensaba que podrían ser una alternativa al enfoque keynesiano de la época o bien al libre mercado.

Al paso del tiempo las cosas cambiaron dramáticamente: la economía de libre mercado se estableció a sangre y fuego en algunos lugares de AL, como en Chile, mientras que los principales representantes del capitalismo redujeron el alcance del Estado benefactor y permitieron que el mercado fuese el responsable de asignar recursos en la economía. Estados Unidos e Inglaterra pusieron el ejemplo. Algunos años después el bloque soviético se colapsaría y daría lugar a un experimento de libre mercado cuyas consecuencias no se han terminado de evaluar. Lo que es hecho es que Rusia dejó de ser potencia económica.

En América Latina las cosas no fueron muy diferentes. Por obligaciones con el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional u otras entidades internacionales, o bien por decisión propia, la gran mayoría de los países de AL se “subió” al tren de la economía de libre mercado. La reducción del aparato estatal, la desregulación, la autonomía de los Bancos Centrales y la apertura económica entre otras políticas, apuntaban a reformas en la región que, se esperaba, generarían crecimiento económico en estos países.

El modelo económico cubano no generó los resultados esperados. Si bien es verdad que la población de la isla cuenta con estudios de licenciatura o posiblemente superiores, lo cierto es que las oportunidades de empleo, y los sueldos, son lastimosamente ínfimos. La gran mayoría de los bienes lúdicos con que cuentan los cubanos provienen del extranjero. Incluso satisfactores básicos como aspirinas o rastrillos son escasos en la isla. Difícilmente se podría defender que el modelo cubano es uno que sea digno de replicarse. Más bien lo opuesto: los resultados de dicho experimento social muestran qué es lo que no se debe hacer.

Pero el movimiento hacia una economía de libre mercado extremo, incluida la liberalización financiera y la apertura económica, entre otras, tampoco ha generado un mayor crecimiento en los países que conforman AL. Antes más bien, desde la aplicación de dichas políticas económicas la región ha dejado de crecer, por lo menos al ritmo que se tenía antes de la década de los ochenta.

Ante la falta de crecimiento económico, y la continuación de las crisis, la respuesta ha sido, en general, profundizar las políticas económicas de libre mercado. El problema es que esto se ha venido haciendo desde hace por lo menos treinta años y los promotores de tales políticas, tanto en la administración pública como en las universidades, siguen pensando que es el modelo económico correcto cuando décadas de crisis y estancamiento muestran lo contrario.

Parte del problema es que escuelas económicas alternas al libre mercado sucumbieron al embate del pensamiento económico neoclásico. Una importante institución en México, el Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE) dejó de ser estructuralista en los primeros años de la década de los noventa para hacerse completamente neoclásico.

No se generaron alternativas teóricas a la Economía Neoclásica. Las que había casi pasaron a la extinción y sólo sobrevivieron algunos economistas de universidades públicas, y tal vez algunas privadas, que por la naturaleza del contrato, como definitividades, no pudieron ser reemplazados por economistas neoclásicos. Lo mismo ocurrió en instituciones públicas como secretarías de Estado y Bancos centrales. Sin embargo, en general fueron marginalizados y dejó de haber planteamientos económicos alternos.

América Latina permitió que muchos estudiantes de maestría y doctorado fueran a las principales universidades de Estados Unidos a aprender Economía Neoclásica. A su regreso, tanto en el sector público como en las universidades, se encargaron de aplicar y de enseñar lo que habían aprendido. Generaciones posteriores quedaron deslumbradas por el uso de los métodos cuantitativos en Economía y por la pretendida cientificidad de la Economía Neoclásica de modo tal que ésta escuela terminó por ser la dominante en la mayoría de las facultades de Economía de AL.

La contrarrevolución monetarista que prácticamente acabó con la mal llamada Economía Keynesiana que, como se verá en uno de los artículos del presente número, en realidad debería ser llamada samuelsoniana, provocó que la idea de un gobierno interventor y regulador de la economía se viniera abajo dando lugar a una teoría donde los mercados son estables y la presencia del Estado es innecesaria.

El tiempo ha demostrado que ni el modelo cubano ni el de libre mercado extremo han traído crecimiento económico en la región. El pendiente académico, de generar teoría y política económicas propias sigue vivo desde por lo menos 1960. La visita de un presidente estadunidense a la isla de Cuba podría ser el parteaguas que permita que dicho país se desarrolle y se abata la pobreza. El resto de los países de la región tenemos el compromiso de acabar de una vez por todas con el colonialismo intelectual que nos ha impedido generar modelos económicos autóctonos. Después de por lo menos treinta años de teoría y política económica neoclásicas se ha demostrado que no han sido capaces de generar crecimiento, desarrollo, mejoría en los niveles de vida, estabilidad, abatimiento de pobreza, etc. ¿Por qué insistir en dicho modelo?

El reto para los años venideros es desarrollar nuestros propios modelos económicos que nos permitan salir del extravío en que nos encontramos. Está visto que el socialismo no es el camino, el libre mercado tampoco. ¿Hacia dónde movernos? Tal vez una ruta intermedia es la solución, pero eso es lo que debemos determinar en los próximos años.

[1] Profesor de tiempo completo en la Unidad Académica Profesional Nezahualcóyotl perteneciente a la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEM).

Compartir en: