Estados Unidos: tecnología y competitividad global

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Recibido: Marzo 2015
Aceptado: Septiembre 2015

Estados Unidos: tecnología y competitividad global

Rafael Alberto Durán Gómez*
Raúl Gustavo Acua Popocatl*

Resumen

El presente artículo examina la importancia contemporánea de las actividades en Ciencia y Tecnología (CyT) como motores de la Innovación. Particularmente, se aborda la perspectiva económica ‘evolucionista’ la cual contribuye de forma importante para explicar el cambió tecnológico y su contribución en el desarrollo económico. Se recurre al caso de los Estados Unidos, como el primer gran administrador de la CyT, para comparar la evolución del conocimiento, la tecnología, la innovación y la innovación en el mundo moderno. La naturaleza de estos elementos ha venido cambiando. Actores como el gobierno o las universidades en la creación y gestión de las actividades innovativas se han venido desestimando. Será importante replantear sus funciones.

Palabras clave: Ciencia, Tecnología, Innovación, Competitividad.

Abstract

This article examines the contemporary relevance of activities in science and technology as engines of innovation. In particular, the economic ‘evolutionary’ perspective which contributes significantly to explain the changed technological and contribution to economic development is addressed. It uses the case of the United States, as the first great administrator of science and technology, to compare the evolution of knowledge, technology, innovation and innovation in the modern world. The nature of these elements has been changing. Actors such as the government or universities in creating and managing innovative activities have been dismissing. It will be important to rethink their roles.

 

Key words: Science, Technology, Innovation, Competitiveness

 

Clasificación JEL: O32

 

  • Tecnología en la perspectiva evolucionista

 

 Desde la última década del siglo XX, al emerger la globalización como un ‘nuevo’ orden internacional, se acentuó la inserción del desarrollo e innovación tecnológicos como un factor determinante en la competitividad mundial. El impacto que la tecnología ha tenido en la sociedad y en la economía ha sido enormemente reconocido en las últimas décadas, principalmente en aquellos países donde se desarrolla la tecnología y que poseen el conocimiento de frontera.

Para los gobiernos de los países desarrollados es claro que las inversiones en ciencia y tecnología (CyT) incrementan la productividad y aumentan los niveles de vida. La Investigación y Desarrollo, comúnmente conocida como IyD, es el principal componente y una de las medidas tradicionales de inversión en CyT.

En la perspectiva de la economía evolucionista post-shumpeteriana, autores como Nelson, Rosemberg, Freeman, Dosi, Pavitt y Verspagen, entre otros, afirman que es la inserción de la CyT (transformadas en innovación) la clave para el cambio económico-institucional que impulsa el crecimiento. Ellos calcularon, por ejemplo, que en Estados Unidos la inversión en IyD, tanto industrial como federal, derivo en un incremento productivo notable desde tiempos de la Guerra Fría. La IyD  Federal venía supliendo a la IyD privadas en áreas donde los beneficios están muy distantes o inciertos para las firmas privadas. Mientras el índice de los beneficios para la IyD de financiamiento federal es muy difícil de estimular, es substancialmente probable de acuerdo a estos economistas, que éste otorgue el máximo ingreso para cualquier otra inversión federal. En otras palabras, la CyT es una buena política económica y pública. El presupuesto federal representó no menos del 40 por ciento del total nacional de la inversión en IyD desde el fin de la Segunda Guerra Mundial y hasta el primer tercio de los 1990s.

Al interior de dicho presupuesto, las políticas científicas y tecnológicas se propusieron mejorar significativamente la competitividad a través de una mezcla balanceada de investigación básica, investigación aplicada y desarrollo tecnológico. Por tanto, debe existir un fenómeno de ellas, diferentes entre si aunque profundamente interdependientes. De acuerdo a Nelson y Romer (1996), se aprecia una tendencia federal de apoyar el desarrollo o aplicación del conocimiento en dirección al uso comercial o de Seguridad Nacional de determinada tecnología (caso Thomas Edison), pero se ha descuidado la investigación básica conceptual (ejemplificada por Niels Bohr, físico teórico de la mecánica cuántica) y, sobre todo, la forma de hacer investigación basada integralmente en problemas prácticos como en sus cuestiones científicos fundamentales (al estilo Louis Pasteur). En dicha analogía, se observa que, ubicados desde los 1990s, el gobierno federal ha privilegiado a los imprescindibles Edisons, pero a costa de desestimar la valiosa labor de los Bohrs y de los Pasteurs. Los recortes en el apoyo de las actividades de investigación básica y aplicada muy probablemente han reducido el potencial tanto de nuevos conceptos como de nuevas aplicaciones y oportunidades.

Pero la vorágine del mercado ha alejado la realidad de las recomendaciones teóricas de los evolucionistas de finales del siglo XX. El equilibrio entre la inversión en IyD federal y la privada, se perdió con la premisa neoliberal del alejamiento del Estado: de casi el 50% logrado en los 1980s, a 38% al cerrar los 1990s y un 26% para el 2015. No se diga el equilibrio perdido por la inversión en la investigación básica y aplicada ante la inversión en proyectos de desarrollo tecnológico, cercanos a llevar al mercado.

Otras amenazas observadas por los evolucionistas radicaban en que, a) si la investigación y el entrenamiento universitario se orientaban exclusivamente a las necesidades de la industria, se rompería la valiosa interacción entre universidad e industria; b) el gobierno federal no debía olvidar su misión orientada hacia la investigación básica. Ciertamente, la universidad sigue siendo un bastión que alimenta las necesidades de la empresa, aunque esta inversión se ha convertido gradualmente en ser más selectiva. Respecto a las actividades federales de investigación, aunque ha existido un fuerte recorte a sus laboratorios, particularmente en los temas de defensa, existen también proyectos específicos que pudieran ser captados por el mercado en cualquier momento. Así que, a pesar de haber sido imprecisas las recomendaciones de los evolucionistas de finales del siglo pasado, su apreciación de la realidad tecnológica actual contiene elementos clave en la explicación del papel de la CyT en la economía global.

 Continuando con esta perspectiva, la innovación contemporánea se compone, de acuerdo a una perspectiva lineal inicial, de cuatro fases generales: investigación, desarrollo tecnológico, producción y mercadeo. Sin dejar de reconocer la importancia de las dos últimas fases, en este caso nos concentramos esencialmente a las actividades de IyD, las cuales son determinantes como punta de lanza de la competitividad internacional.

En los Estados Unidos (al igual que en la mayoría de los países desarrollados) la triangulación entre el gobierno, la industria y la academia es vital en el funcionamiento del Sistema Nacional de Innovación (Nelson). De esta tríada o ‘triple hélice’ (Etzkowitz), el papel del gobierno es fundamental. El gobierno es tradicionalmente el responsable de proveer de servicios estratégicos de infraestructura, promueve la IyD en los demás sectores, establece medidas proteccionistas y otros beneficios públicos (cooperación). En la medida en que el gobierno no canaliza adecuadamente estos bienes y servicios al sector industrial (disfunción) disminuye la eficiencia del sistema, e incluso puede convertirse en un serio obstáculo para el desarrollo productivo.

Para el caso de la estrategia del gobierno federal norteamericano, diversos autores manejan la idea de que éste ha tomado el camino de la disfunción y se dirige al de la ineficiencia. Esto se acentúa, particularmente desde los años ochenta, a través de la pérdida de competitividad de algunos productos norteamericanos en el mercado mundial.

La disfunción, que se presenta a través de la pérdida de competitividad de los productos norteamericanos en el mercado mundial, se hace más patente en la década de los ochenta, a partir de la emergencia de productos de Europa y Japón. El caso más espectacular podría hallarse en la industria electrónica de consumo. Para 1980, las firmas norteamericanas controlaban aún todo el mercado mundial de supercomputadoras, tres cuartas partes del mercado de fibra óptica y semiconductores, el 80 por ciento del mercado de silicón y más del 60 por ciento del mercado para equipos de computación y microprocesadores. Ese mismo año, los Estados Unidos disfrutaron beneficios de 8 mil millones de dólares en electrónica.

Hacia 1988, sin embargo, la parte correspondiente al mercado mundial de supercomputadoras para Estados Unidos, había caído al 75 por ciento, el de fibra óptica al 42 por ciento, el de semiconductores al 36 por ciento, el de silicón al 20 por ciento y el de equipo de computación y microprocesadores a un nivel inferior al 50 por ciento. En 1988 los Estados Unidos tuvieron un déficit en el comercio internacional de productos electrónicos cercano a 10 mil millones de dólares (Inman y Burton, 1991). Estos datos nos muestran claramente que, al arribo de la era global, Estados Unidos no disfruta más de aquella casi absoluta superioridad tecnológica, que alguna vez tuvo.

Con todo esto, la erosión norteamericana de su liderazgo tecnológico se observa como un hecho relativo. Ello debido a que aún mantiene el nivel de primacía en ciertas áreas como biotecnología, software, ingeniería de soporte a la computación, ingeniería genética, aeronáutica y propulsión de cohetes, regulación ecológica, nuevos materiales y tecnologías de la información, entre otras. Sin embargo, en contraste, mantiene una posición secundaria en electrodomésticos, equipo automatizado, óptica, fabricación de equipos de circuitos integrados y chips de memoria, entre otros campos. Particularmente aparece también el ascenso de China al escenario tecnológico de las primeras décadas del siglo XXI.

Es importante mantener la cautela ante la tremenda complejidad y multidireccionalidad del conocimiento; los Estados Unidos junto con otros países desarrollaron la sistematización del conocimiento científico y tecnológico pero, por la misma movilidad del conocimiento, es imposible asegurar el liderazgo en la posesión del conocimiento de frontera. Además, ninguna empresa (incluidas las norteamericanas) puede ser obligada a utilizar una tecnología ‘determinada’, particularmente cuando el mercado global de tecnología se ha diversificado inusitadamente. No obstante, lo que si resulta importante es definir una política nacional en CyT.

Gracias en gran parte al ejemplo norteamericano, cada país de los hoy denominados desarrollados se ha preocupado por la institucionalización, profesionalización e industrialización de la CyT. Pero más allá de los elementos específicos de cooperación, competitividad y asimilación tecnológica de cada sociedad, la Historia nos indica que el conocimiento científico y la tecnología se hallan en cambio permanente y su nacionalidad es incierta o relativa (pese a que los científicos y tecnólogos sí posean una nacionalidad determinada). La idea es aprovechar las ventajas del conocimiento a las que se tiene mayor acceso debido al proceso de Globalización para, al mismo tiempo, trabajar en un entorno endógeno y producir bienes, tangibles e intangibles que, a su vez son susceptibles de quedar en el gran acervo global de conocimiento.

Si bien, en la segunda mitad del siglo XIX las principales innovaciones eran el telégrafo, el ferrocarril, el uso de la termodinámica y de la electricidad o, más entrados en el siglo XX, el posterior auge de industrias como la del acero, la automotriz, la aeronáutica, los electrodomésticos o la telefonía (que sería punta de lanza para las telecomunicaciones actuales), entre otras, hoy en día las denominadas tecnologías de frontera o high-tech son encabezadas por la microelectrónica, la nanotecnología (nuevos materiales), la biotecnología, la robótica, las Tecnologías de Información y Comunicación (TICs) y las ciencias del espacio. Es en esta última especialización o sectorización del conocimiento científico técnico se observa, como nunca antes, que la acumulación de capital no depende más del trabajo simple ni de la manufactura sino del valor agregado generado por el conocimiento convertido en alta tecnología. Hablar de estos estrechos nichos de tecnología de frontera ha generado una discusión en torno a la llamada economía del conocimiento; aunque es importante destacar que estos nuevos sectores no desplazan a todas las tecnologías de anteriores ‘ciclos’ productivos, sino que por el contrario se integran a aquellas. Los impactos son adyacentes y multidireccionales: ya sea el aporte de la industria de los nuevos materiales al sector automotriz o aeronáutico, o el inimaginable impacto de la biotecnología en la industria de alimentos. El conocimiento se entrelaza y se encuentra en todos los aspectos de la vida cotidiana (aunque los agentes del conocimiento se reducen a la fuerza de trabajo en Investigación y Desarrollo/IyD).

Se ha hecho evidente que aún los enormes costos y riesgos de los proyectos en IyD de largo plazo han requerido de una mayor participación internacional. Con el afán de reducir costos y aumentar las ganancias, prácticamente todas las empresas que realizan su propia IyD se han enfocado casi exclusivamente a invertir en Desarrollo Tecnológico de corto plazo

El dinamismo tecnológico de una sociedad determinada se puede generar sólo a partir de la existencia de infraestructuras y redes necesarias para fomentar las actividades de la innovación, además del apoyo a los procesos de generación, transferencia, adaptación y difusión de tecnología. Todo ello, no hubiese ocurrido en el caso norteamericano sin la noción de “trabajo en equipo”

Ante este panorama es un hecho que, sin la cooperación, no hubiera tenido éxito la idea de los parques científicos encabezados por la Route 128 y el Silicon Valley[1], desarrollados desde los años sesenta en los suburbios de Boston y el sur de San Francisco, respectivamente. Ambos casos son los más representativos de un modelo tribásico de cooperación que estrecha la colaboración integral de las empresas con la investigación de base universitaria y con la diversificación de fondos (no siempre públicos). Este es un modelo que se globaliza ante la capacidad que tiene el conocimiento científico técnico para la generación innovativa y de capitales. Mientras la Route 128  sirvió de bastión dentro de la región industrializada del noreste del país, el Silicon Valley (a retomar en el próximo punto) convertiría al sudoeste en la meca de la tecnología de la informática y las telecomunicaciones (lo cual contribuye a que sea la Cuenca del Pacífico la de mayor volumen comercial a finales del siglo XX).

 

  • Del caso norteamericano a la diseminación del conocimiento en CyT de inicios del siglo xxi.

 

 Al cierre de la primera década del siglo XXI, los EUA se mantienen como el mayor generador de Investigación y Desarrollo Tecnológico (IyD), medida fundamental en la producción de Ciencia y Tecnología; el país norteamericano produce el 31.1% de la IyD mundial. Son seguidos por la zona Euro (21.7%), por China (17.5%) y Japón (10.2%). En este contexto, queremos hacer énfasis en la vinculación del gobierno con las universidades o centros de investigación, particularmente en cuanto a su capacidad para formar capital humano para las actividades en CyT.

Aterrizando en la vinculación del gobierno con las universidades o centros de investigación, pensamos en la importancia de la formación de recursos humanos para la IyD. La incorporación de científicos, ingenieros y técnicos a las diferentes actividades o esferas laborales, define en gran medida el grado de modernización de un país. Ahí la importancia de la organización y los recursos en IyD.

La fuerza de trabajo fundamental en IyD (capital intelectual estimado en 1.2 millones de científicos e ingenieros) es relativamente pequeña en los EUA (un 3.4 por ciento de la población total), pero su potencial cualitativo ejerce un enorme impacto en las actividades de innovación y en la macroeconomía. Para algunos autores como R. Freeman, los actuales cambios en el mercado laboral en este nivel disminuye las ventajas competitivas en alta-tecnología y en el entorno industrial general; aunque otros, como M. Cervantes, aseguran que no debe preocupar el hecho de que la tercera parte de los doctores en ciencias e ingeniería que trabajan en EUA sean extranjeros.

Hablamos entonces de un notorio pragmatismo hacia la política en CyT. Ejemplo de esto es la modificación de las leyes antitrust con el fin de permitir una mayor cooperación en IyD por parte de las compañías. Este ejemplo es similar a megaproyectos europeos tales como el ESPRIT[2], un megaproyecto en tecnología de la información que puso a trabajar juntas a compañías de diferentes países, y es muestra del necesario pragmatismo en la complejidad de la globalización. Aún con las nuevas condiciones y redes científicas globales, este tipo de cooperación parece ser el indicado para el fomento gubernamental de las actividades en IyD.

Varios estudios hablan de la necesidad de generar en los EUA nuevos consorcios en investigación, apoyados con recursos públicos tanto como privados.[3] Como se ha observado, el gobierno federal parece apostar de manera directa por el equilibrio en la inversión básica, por la tecnología de alto riesgo y por el sector militar (mostrando gastos que demandan más del 50 por ciento del total de la IyD federal). También son estímulos federales directos los millones de dólares que, potencialmente, están disponibles en los laboratorios nacionales para ser compartidos con los consorcios o compañías en el desarrollo de nuevas tecnologías para las industrias. En estos consorcios se espera el desarrollo de productos en el corto o mediano plazo.

Respecto a una forma de apoyo indirecto, el gobierno federal ubica tradicionalmente a los centros tecnológicos (tecnópolis) como parte importante de las redes de transferencia de conocimientos y tecnologías.  En este modelo, agencias como la National Science anf Foundation (NSF) destinan, junto con diversos consorcios, algunos millones de dólares pero no esperan que toda la tecnología desarrollada tenga efectos centrales e inmediatos en el desarrollo de nuevos productos;  más bien se trata de preocuparse también por las inversiones de largo plazo. Hablamos de un modelo indirecto que está siendo desplazado de acuerdo con Etzkowitz[4]. Este autor afirma que el desarrollo de estos centros de investigación involucra una política federal que va de un modelo no-intervencionista a otro de una política industrial intervensionista en el fomento a la IyD industrial, tanto en el nivel regional como en el federal. Una política intervencionista que fue muy fomentada por la Administración Clinton y que, sin embargo, siempre fue muy criticada por las administraciones Republicanas (como es el caso de la Administración de George W. Bush) y aún por algunos demócratas declarados contra la intervención económica del gobierno.

El pragmatismo político norteamericano permite que, tanto en un marco de apoyo directo o indirecto, el gobierno federal haga efectiva la cooperación en IyD independientemente del contexto político. Es un hecho, en el caso de los centros de investigación, que la experiencia práctica de las llamadas tecnópolis[5] permite visualizar el apoyo y la cooperación de todo el sistema innovativo a partir de la iniciativa gubernamental. El modelo tribásico fomentado desde la experiencia del Silicon Valley representa, en este sentido, un elemento insustituible para los argumentos federales de apoyo y cooperación tecnológica, en la vinculación con empresas y centros de investigación.

 

La transferencia de conocimientos y tecnologías (con su rapidez y agilidad) es la primera ventaja de la tecnópolis, como ha sucedido en el caso del Silicon Valley. Para ello, no ha sido casual que cada centro de alta tecnología haya sido localizado en la cercanía de una o más universidades con prominentes centros de investigación: Stanford y el Silicon Valley, el Massachussets Institute of Technology y la Route 128, la Duke University y el Research Triangle, etc. El importante papel de la investigación universitaria ha sido entendido mejor desde los años ochenta; ello se demuestra con inversiones en IyD mayores y más directas por parte de las empresas y, aún de los gobiernos estatales que han incrementado los recursos dirigidos a la investigación universitaria. De modo complementario, las tecnópolis o parques tecnológicos tendrían una gran proliferación desde esa década.

Como señaló Saxenian (2000), entre las condiciones muy específicas del Silicon Valley se encontraron: a) una red informal de colaboración como resultado de la innovación y de los continuos brotes de nuevas empresas, b) además de informal, la transferencia tecnológica se presenta espontánea y rápidamente expandiendo tremendamente su propio mercado, c) el alto grado de aglomeración permite que la transferencia tecnológica se presente de manera efectiva, d) el entorno innovativo es generado en parte por la tremenda cantidad de pequeñas y medianas industrias (70 por ciento de las 2,000 firmas de alta tecnología cuentan con menos de 10 trabajadores) y permite la posibilidad de generar grandes firmas (Apple Computer Inc. fue creada por jóvenes empleados de HP y Atari) y e) los mismos pequeños empresarios que inician su compañía suelen ser quienes llevan sus nuevos productos al mercado (esto también desplaza la vieja visión teórica del modelo lineal de la innovación.[6]

Pese a que la idea inicial del mismo Silicon Valley  se adhería al modelo convencional de la innovación tecnológica a partir del apoyo gubernamental y universitario, la realidad de esta tecnópolis rebasó cualquier intento de explicación lineal. Como han observado autores evolucionistas contemporáneos, la concepción lineal, adoptada por el gobierno durante prácticamente toda la Guerra Fría, fue rebasada por la quinta generación del modelo teórico de la innovación. Contextualizado en lo que Everett & Valente llaman las redes interpersonales de la innovación, el caso del Silicon Valley es un ejemplo clásico de respuesta flexible y regional para la innovación continua.

Si bien ya se había reconocido el impacto de la Stanford University para el Silicon Valley, (donde la empresa HP tiene sus raíces desde los años 30), tanto en las facilidades de colaboración, el fomento de recursos intelectuales compartidos y la infraestructura para el desarrollo de nuevos conocimientos en alta tecnología, el verdadero apoyo para la investigación universitaria se presenta hasta los años 80. Un factor fundamental para el éxito del Silicon Valley durante los años 60 se basó en la enorme demanda de los gastos militares hacia la industria microelectrónica. Tan solo la primera mitad de aquella década, el 80 por ciento de las ventas de semiconductores se dirigió al Departamento de Defensa (DoD) y la National Aeronautics and Space Agency (NASA).[7]

 

Además de las compras federales y las iniciativas locales, estatales y federales respecto a incrementar la vinculación industria-universidad, el Gobierno Federal también se preocupó por impedir ciertas transferencias de tecnología avanzada que podían tener a la Unión Soviética como su destinatario, aún hasta los años 80. La ley prohibió expresamente la venta directa de alta tecnología hacia los soviéticos y el FBI en diversas ocasiones se ocupó por hacer cumplir esta política. Este tipo de restricciones fueron muy debatidas a partir de la postura de las empresas, las cuales deseaban vender sin importar tanto el mercado específico. La política como obstáculo al interés comercial, definitivamente se trataba de otro paradigma al actual.

 

  1. Ciencia, tecnología y competitividad global.

Hoy en día, esta pugna por la generación de conocimiento de frontera a través de las crecientes inversiones en IyD, hace que para el cierre de la primera década del siglo XXI, las actividades de ciencia y tecnología generadoras de innovación se concentran en realidad en pocos países. En dicha producción los principales seguidores de los EUA (31%), son China (17%) y Japón (10%); aunque también debemos considerar a los europeos Alemania, Francia y Reino Unido que en conjunto suman el 13 % de la IyD mundial.[8]

Esta concentración en los gastos de IyD mundial representan un riesgo en cuanto a la falta de diseminación del conocimiento de frontera; ello a pesar de la tan pregonada economía del conocimiento que, en apariencia, fomenta el libre paso del conocimiento. Países como Corea del Sur, Taiwan, Malasia y Brasil, Rusia, India y China (BRICS) son ejemplos de esfuerzos nacionales por desarrollar sus propios sistemas de innovación. Destacan los chinos que van reduciendo notablemente la brecha como país ‘seguidor’ de los EUA.

La estrategia federal de EUA en la promoción del modelo tribásico representado por las Tecnópolis se basa en el principio económico del efecto derrame. Cuando las decisiones de las empresas o instituciones, encaminadas a mejorar la calidad de sus recursos humanos o productivos (incluida la IyD), se dirigen a incorporar inversiones de capital (físico, humano o de IyD) se produce este efecto derrame (spillover effect), que en palabras más simples son el empuje inicial que contagia la expansión de las actividades científico tecnológicas entre los actores del Sistema Norteamericano de Innovación (SNI).

Una vez que la empresa en cuestión demuestra que estas inversiones le generan crecimiento, se crea el entorno donde las empresas o instituciones que compiten con ella se ven beneficiadas y amplían el efecto derrame al apropiarse de las mejoras en la empresa innovadora.[9] El problema es el traslado de la teoría a la práctica, de la transformación de la investigación (básica y aplicada) en innovación tecnológica. Esto es particularmente cierto en el contexto de la competitividad internacional y la diversidad de nuevas áreas del conocimiento (ver Tabla 1).

TABLA 1. TECNOLOGÍAS EMERGENTES DURANTE LOS AÑOS NOVENTA.

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La competitividad, vinculada a la innovación, aparece en escena entonces desde los noventa. En palabras de Deborah Wince-Smith, ex presidenta del Council on Competitiveness, los EUA “se encuentran a si mismos ante un momento único y crucial, caracterizado por dos cambios sin precedentes. Primero, el mundo se está haciendo dramáticamente más interdependiente y competitivo y, segundo, la innovación en sí –la cual proviene y depende de generar valor agregado- está cambiando. No podemos competir en productos o servicios con bajos salarios o mercancías estandarizadas. El único camino para tener éxito en el futuro es a través de la innovación -creando los productos y servicios con alto valor agregado por los que la gente estará dispuesta a pagar en los mercados globales”.

Partiendo del hecho de que más del 30% de las exportaciones actuales de los EUA las realiza la industria de alta tecnología, esta declaración resulta muy significativa.[10]

Es evidente que desde esta primera década del siglo XXI la naturaleza de la Innovación ha cambiado radicalmente. Los grandes genios del pasado, como Confucio, Copérnico, Da Vinci, Graham Bell, Edison o Einstein, experimentaron su creatividad de manera aislada, esporádica. Hoy, los científicos se plantean retos personales más acotados, demasiado específicos: “la velocidad de una partícula, el genoma de una bacteria, el mecanismo que lleva al encuentro exitoso de dos neuronas en desarrollo”. Será entonces la suma de esos retos individuales la que, “en algún momento de integración genial, resuelve los retos colectivos”.[11]

En las palabras de Herminia Pasantes, Investigadora Emérita del Instituto de Fisiología Celular: “El reto personal de un investigador científico es parte integral de su vida. Esa pregunta que le hace a la naturaleza cada día para desentrañar parte de su secreto es su compañía permanente. Difícilmente puede apartarla de su pensamiento; y si en el laboratorio ocupa todo su tiempo, no se queda allí cuando el investigador apaga la luz y cierra la puerta. Viene con él y puede surgir en cualquier momento: en el primer semáforo, a la mitad del sueño, bajo la regadera, en la fila para entrar al cine. Y a veces, ese surgir inesperado viene junto con la clave para enfrentarlo y vencerlo…”.[12]

La innovación contemporánea se plantea retos científicos colectivos, los cuales si están más ligados al entender público: resolver las enfermedades aún incurables tales como el VIH, Alzheimer, esclerosis múltiple, etc., la nanotecnología, la biotecnología, entre otros. Sin embargo, la naturaleza intrínseca de la innovación ha cambiado debido a factores como la globalización económica, las nuevas estrategias corporativas, las políticas gubernamentales hacia la IyD y las mismas actividades científicas desarrolladas en el paradigma emergente. La innovación ahora ocurre dentro de un entorno global con gran diversidad de puntos de intersección (multi-adyacencia[13]) que implica una gran diversidad de actividades entre las empresas, los gobiernos y las instituciones académicas. La colaboración científica y tecnológica rebasa fronteras, disciplinas y organizaciones. Esto implica una tremenda competencia global donde la innovación traslada sus prioridades de la generación de productos a la de ideas creativas. Con ello, los actores de cada Sistema Nacional de Innovación deben adaptarse al nuevo entorno de competencia, donde la flexibilidad, la colaboración y la capacidad de respuesta a los cambios locales y globales, son fundamentales para el crecimiento.

Los cambios en la naturaleza de la innovación demandan empleos con nuevos y cualificados conocimientos para facilitar la comunicación, la colaboración y la decodificación misma de los saberes a través de las antiguas fronteras disciplinarias. Durante los próximos años, gran parte de los empleos demandados requerirán de una educación o entrenamiento superior y de calidad.  De hecho ya han comenzado a demandarse esos espacios por parte de las empresas innovadoras.

Desde las grandes empresas como Hewlett-Packard Co, hasta las medianas y pequeñas como Adobe Systems Inc., Netflix o SanDisk Corp., han mudado sus actividades de manufactura y baja tecnología hacia localidades con menores costos, incluyendo lugares fuera de los EUA. Esta expansión implica la creación de nuevos trabajos con habilidades y destrezas específicas, particularmente en diseño e ingeniería. No obstante, el índice general de empleos en estas empresas del sector tecnológico ha aumentado, lo que significa que la mayor parte de dicho crecimiento se dirige a categorías de empleo creativo o estratégico para la innovación de calidad: IyD, diseño industrial y consultoría científica y técnica, entre otras. Un estudio del Wall Street Journal revela que los empleos en las empresas tecnológicas del Silicon Valley tuvieron un crecimiento del 4% entre 2002 y 2005; destacando los incrementos en servicios innovativos y en manufactura de componentes electrónicos (aunque rubros como manufactura de equipos y semiconductores presentó índices de desempleo en la región). Particularmente se reporta un incremento del empleo en el rubro denominado ‘diseño, ingeniería y ciencia’. De acuerdo al estudio, dicho sector incrementa su participación regional no solo en el Silicon Valley (14%), sino también se reporta en Austin, Texas (9.3), en Seattle (8.7), y en San Diego (8.3). Es evidente que esta demanda laboral es producto de la flexibilización presentada en las empresas, al desarrollar una mayor creatividad en los productos derivados de los procesos en la tecnología incremental. [14]

Se ha creado un nuevo perfil de competencia donde la industria demanda gente con mayor nivel y calidad educativa. Personas competentes, profesionales, con destrezas, ingenieros creativos, académicos e investigadores, tanto especialistas como científicos con una perspectiva integral.[15]

Observando estas tendencias en la realidad,  la reflexión muestra una clara tendencia hacia una ‘economía del conocimiento’ donde el capital intangible está ganando terreno en el valor de los productos derivados de la innovación. Como sabemos, el capital intangible es aquel se basa en el conocimiento y se refleja en el valor de los productos en el mercado.  En el reporte de la National Innovation Initiative (NII) se considera un muy importante crecimiento del factor intangible basado en el conocimiento cualitativo: respecto al valor total de las innovaciones en el mercado, el estudio señala que para 1982 el factor intangible representaba el 38%, para 1992 el 62% y para 2002 el 82% (dejando tan solo el 18% al capital tangible- equipo, maquinaria, infraestructura, manufactura de bajo salario, etc).[16] Dicha intangibilidad queda como un riesgo en tanto los países en desarrollo no aprendan a valorar las actividades de investigación y desarrollo tecnológico.

 

  • Innovación dentro de la sociedad del conocimiento.

 

Examinando esta ‘nueva economía’, es claro que la misma tecnología creada por la sociedad, ahora impacta a su creadora. En el viejo paradigma se hablaba de habilidades, trabajo individual, preservación laboral, monopolios, lo nacional, etc;  hoy hablamos de aprendizaje significativo, trabajo en equipo, movilidad laboral, competencia, lo global, etc.

Las decisiones entre competencia y cooperación entre las empresas se tornan difíciles y complejas ante estas nuevas tendencias. Respecto a la inversión industrial en IyD, aunque las grandes compañías invierten las tres cuartas partes del total,  sus prioridades se han enfocado al corto plazo caracterizado por la generación de tecnologías ‘incrementales’ más que ‘radicales’. Se cita a Branscomb[17] quien estima que solo el 8% de la inversión de las grandes firmas va hacia innovación ‘radical’. Así, mientras las grandes empresas se enfocan más en el rediseño, el mejoramiento, la calidad o la reducción de costos de productos ya existentes, las empresas menores parecen ser las indicadas a invertir en innovaciones radicales.

Dentro de este nuevo entorno innovativo las Pequeñas y Medianas Empresas (PYMES), por ejemplo, presentan características diferenciadas respecto a las grandes empresas. El citado Reporte de la Iniciativa Nacional de Innovación (NII) indica que las PYMES: -mantienen vínculos más cercanos con la investigación científica, lo cual es muy importante en cuestiones técnicas; -aparecen casi el doble de patentes registradas por las PYMES anualmente; -son más efectivas en la producción de valor agregado en las innovaciones tecnológicas de áreas específicas; -responden con mayor flexibilidad a las necesidades del cliente. Las ventajas de las empresas menores se complementan con la experiencia, la visión y el trabajo en proyectos extensos de las grandes firmas.

Hablamos de un nuevo entorno de competencia e interdependencia donde las compañías menores pueden crecer muy rápidamente, al igual que las grandes podrían colapsar. Retomando el Reporte de la NII, durante 1950 se crearon 100 mil nuevas empresas en los EUA, en tanto para el 2000 se generaron 8 veces más, este dato es altamente significativo. En definitiva, el espíritu empresarial (destacado por teóricos desde Say hasta Shumpeter) sigue siendo una fortaleza fundamental en la sociedad norteamericana. Eso facilita que empresas, gobiernos e instituciones académicas de investigación tengan actividades de colaboración constante a través de infinidad de proyectos.

Este panorama otorga a las empresas innovadoras, grandes y pequeñas, tener una función primordial y complementaria. Ciertamente, la producción científica intramuros fue incorporada por las empresas y ha sido una variable endógena al sistema capitalista desde la segunda mitad del siglo XIX. Pero mientras hace un siglo cada empresa apropiaba su propio ‘monopolio del conocimiento’, hoy en día esto sería impensable ante el paradigma emergente.

  

Conclusiones

El legado de la corriente evolucionista nos proporciona claves para comprender el entorno de la innovación contemporánea. Hoy en día, cada gran corporación depende enormemente de los vínculos del entorno innovativo. Se apoya en cientos de proyectos de colaboración con PYMES o centros de investigación, recurriendo a empresas menores o universidades para localizar investigación básica y aplicada en sus ramas específicas. Una vez seleccionada alguna tecnología potencial recurren a comprar la patente  o compran la pequeña empresa en cuestión. También hacen uso de subcontrataciones dispersas en el mundo global para mejorar o desarrollar innovaciones. Esto explica en buena medida que los productos y servicios con los que convivimos en nuestra vida cotidiana tengan una increíble serie de actividades innovadoras previas. En una perspectiva convencional se afirmaría que es la empresa la que se encarga de conducir todo el proceso de innovación, limitando la acción del gobierno a sus acciones de apoyo a la infraestructura y la normatividad. Esto sería en alto grado impreciso como hemos analizado.

No se debe desestimar la función del gobierno respecto a las actividades en CyT. No solo hay que reconocer su papel histórico de integrador del sistema o de policía del entorno innovativo,  debemos comprender que en este inicio del siglo XXI, el gobierno de los EUA (como el de todo país industrializado) se encuentra íntimamente ligado a los procesos de innovación; tanto en inversión, realización, coordinación, promotor, oferente y demandante de tecnología y de empleos relacionados con las actividades de Investigación y Desarrollo Tecnológico. El gobierno mismo compite con el sector privado en algunos servicios específicos, además de que estimula el trabajo cualitativo de un bajo costo (inicial). Pero sobretodo, es el único capaz de generar una política científica y tecnológica macro e integral, dándole rumbo y misión a la inserción de esta política en la economía, beneficiaria directa de la capacidad innovadora.

Así mismo, es importante hacer un llamado a realizar investigaciones más profundas del papel que también juegan las universidades y centros que realizan investigación. Debemos recordar que buena parte de las tecnologías que utilizamos de manera cotidiana, algún día solo fueron meras ideas de científicos y tecnólogos que laboraban en estos espacios: biotecnología, cultivos híbridos, diseño de medicamentos, la penicilina y diversos antibióticos, la resonancia magnética, el procesamiento digital (utilizado p.e. para comunicaciones, CDs o la exploración de petróleo), la Frecuencia Modulada (FM), el rayo laser, la inteligencia artificial, el procesador de palabras y el de imágenes, la energía nuclear, la nanotecnología, por mencionar algunas.

Otro tópico igualmente yugular dentro del mundo globalizado representa el riesgo de una excesiva concentración de las actividades científico tecnológicas de frontera en unos pocos países. Brecha que numerosos estudios analizan y que resulta fundamental para el desarrollo.

Finalmente, queremos referirnos a la visión neoliberal de la competencia; donde el mundo de la reingeniería empresarial vincula la competencia con la rentabilidad y la competitividad, todas reflejadas en el mercado y los retornos económicos generados por la innovación. Sin embargo, también consideramos la existencia de destrezas intelectuales (capacidad humana de entender y crear) más allá de la ‘obligada’ necesidad de ponerlos ante el lente de compararnos con otros competidores, más allá del mercado y del beneficio económico abundante. En este sentido, tanto el gobierno como las universidades continúan teniendo un papel fundamental para el sentido colectivo, social, que muchas veces se pone en jaque por la vorágine económica. La excelencia empresarial o académica es un mito o una bandera que tarde o temprano frenará a la innovación; si realmente existiera y se alcanzara, entonces irremediablemente desaparecerían las posibilidades de mejorar.

 

 

Referencias 

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Nota

[1] Véase, por ejemplo, SAXENIAN, Annalee (2000). Regional Advantage. Culture and Competition in Silicon Valley and Route 128. Harvard University Press.

[2] La “dispersión de las actividades de IyD” y la “falta de cooperación universidad-industria”, figuran entre los principales argumentos para haber inaugurado en febrero de 1984 este proyecto europeo. Véase “ESPRIT, Proyecto Estratégico Europeo de Investigación y Desarrollo en Tecnología de la Información”, Comisión de las Comunidades Europeas, 1993.

[3] P.e. CSIS (2003). Spectrum Management for the 21st Century. Washington D.C., Reporte del Center for Strategic and International Studies, Octubre.

[4] ETZKOWITZ, Henry (1994). Technology centers and industrial policy: the emergence of the interventionist state in the USA, en Science and Public Policy, Vol.21, Núm.2, Abril, pp.79-87.

[5] La tecnópolis es un complejo geográfico que concentra alta tecnología caracterizado por las actividades de cooperación en IyD entre la industria privada, una universidad o centro de investigación y las agencias gubernamentales, además de darse la presencia de capital financiero y de nuevas empresas o spin-off. El Silicon Valley y la Route 128 son las primeras evidencias de este fenómeno.

[6] Véase SAXENIAN, Annalee (2000). Regional Advantage. Culture and Competition in Silicon Valley and Route 128. Harvard University Press.

[7] EVERETT, Rogers & VALENTE, Thomas (1992). Technology Transfer in High-Technology Industries. En The environment of technology transfer. Pinter Publishers, pp. 108-110.

[8] National Science Board (2012). Science and Engineering Indicators 2012. En http://www.nsf.gov/statistics/seind12/c4/c4s8.htm

[9] De acuerdo con la corriente evolucionista del cambio tecnológico, en el modelo de derrame, el crecimiento se presenta mediante 1) la incorporación de capital físico (donde el nuevo equipo tecnológico adquirido produce un derrame o crecimiento del aprendizaje y la experiencia en los trabajadores), 2) el aumento cualitativo del capital humano (que significa un efecto derrame amplificado al aumentar los conocimientos de la fuerza de trabajo y mejorar la productividad de la empresa y de la economía local) y, 3) la inversión en investigación y desarrollo (que aumenta el nivel de tecnología disponible para impactar en la mejora tanto de los nuevos bienes o productos finales como de los procesos de producción, lo cual incrementa la tasa de productividad de la empresa innovadora y de la economía en su conjunto). Nelson & Romer (1996), ver Bibliografía.

[10] National Science Board (2012). Science… Op. Cit.

[11] PASANTES, Herminia (2006). La Ciencia: retos de hoy y siempre. En Gaceta UNAM, México, Febrero 27, 2006, p. 11.

[12] Ibidem.

[13] Como se ha comentado, los avances del conocimiento en otras épocas se realizaban mediante los esfuerzos dentro de disciplinas determinadas (química, física, biología, matemáticas), pero las actuales tendencias de la Innovación han venido desarrollando la intersección de las disciplinas científicas tradicionales. Incluso hasta se ha generado la creación de nuevas disciplinas como la nanobiología o la bioinformática. Otras disciplinas ya existentes no podrían concebirse actualmente sin la perspectiva multidisciplinaria (como los avances en la medicina moderna que integra aportes desde la biología, la física, las matemáticas, la ciencia de los materiales, ingeniería del software,  etc.

[14] Wall Street Journal (2006) “Market is hot for High-Skilled in Silicon Valley”. Reporte, en www.athenaalliance.org/weblog/archives/2006/02

[15] Un llamado particular se hace a los políticos encargados de tomar las decisiones que afectan al entorno innovativo; ellos pueden facilitar u obstruir la creación y difusión de nuevo conocimiento e innovaciones. Los EUA se han caracterizado por ejecutar una política científico tecnológica que ha impactado tanto a su nación como a la sociedad global.

[16] Council on Competitiveness (2004). National Innovation Initiative Report, INNOVATEAMERICA, www.compete.org, p. 37.

[17] BRANSCOMB, Lewis & KELLER, James (1998). Investing in innovation. MIT Press.tabla

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