2015, año internacional del suelo, su impacto económico

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Recibido: Octubre 2015
Aceptado: Diciembre 2015

2015, año internacional del suelo, su impacto económico

Miguel Castillo González

Profesor de tiempo completo en la Unidad Académica Profesional Nezahualcóyotl perteneciente a la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEM).

 

La economía y la generación de distintos modelos económicos, fundamentados sobre diferentes indicadores, como el PIB, el ingreso per cápita, el comportamiento de la deuda externa, la balanza comercial, el flujo de capital extranjero entre otras, sobre los cuales se establecen las tendencias de crecimiento, con predicciones muchas de las veces equivocadas de la realidad social y económica de los países, debido a que muchas de las fuerzas económicas provienen de políticas establecidas en el orden mundial; por ejemplo el precio del barril de petróleo, establecido en gran medida por los países árabes, quienes controlan la extracción del crudo con un temple extraordinario y limitan la oferta y la demanda mundial. Ante estas especulaciones y políticas externas y asfixiantes, es muy difícil establecer el comportamiento de los mercados mundiales y por ende, los escenarios futuros de las naciones, con modelos preconcebidos en las realidades de países primermundistas.

Ante esta incertidumbre, es necesario contemplar las intensas modificaciones que ha tenido el Planeta en términos de sus componentes ambientales; un ejemplo de ello, es el hecho de que la Organización de las Naciones Unidas, durante el año 2015, tuvo a bien declararlo como el “Año Internacional del Suelo”, con el objetivo de concientizar a la población mundial, incluidos a los gobernantes, que al parecer viven en otro Planeta Tierra, de la importancia que tiene el suelo para la sociedad, debido a que es el soporte de todas las especies vegetales, incluido los bosques, las selvas, los manglares, la vegetación del desierto y, obviamente, a todos los cultivos que alimentan a los miles de millones de personas de todas las latitudes.

Ahora bien la pregunta sería ¿Cuál es la relación de la economía con la salud de los suelos?; para nadie es desconocido que los suelos, como recurso estratégico, fueron motivo estratégicos para obtener el control político, militar y económico por los gobernantes, como es el Imperio Egipcio sobre el delta del Río Nilo, o de los valles centrales del Reino Mixteco Zapoteco o la Zona Central del País por el imperio Azteca, con la finalidad de asegurar los insumos alimenticios de la población y establecer el flujo de los tributos hacia los gobernantes.

En ese sentido, la necesidad de resaltar la importancia del suelo, en su revalorización al momento de establecer modelos predictivos de las externalidades ambientales en el flujo de la economía, dado que existe una fuerte presión para el cambio del uso del suelo, en sus diversas modalidades: cambio de uso agrícola a un uso de servicios, por ejemplo carreteras, líneas de transmisión de energía, sitios de disposición final de residuos, zonas habitacionales, parques industriales, entre otros, como ha ocurrido en diferentes partes del país, como ejemplo la zona Toluca-Metepec, San Mateo, Lerma y Zinacantepec, que ha crecido sacrificando los suelos más productivos que había en esa región.

Es necesario revalorizar la calidad del suelo para interiorizar verdaderamente los cambios en su uso, donde el colocar una zona habitacional, a cambo de la perdida permanente de la productividad de alimentos en una zona, lo cual pudiera estar considerado en los costos de urbanización y de los impuestos prediales locales, a fin de compensar su ausencia y la necesidad de integrar alimentos o materias primas de otras regiones o de otros países, con los consecuentes permanentes gastos de transportación, y a largo plazo, los riesgos de la inseguridad alimentaria, dado que los suelos más productivos han sido desplazados y solo quedan los suelos de producción marginal, que solo ofrecen recursos para el auto consumo de alimentos.

En este contexto, existe la posibilidad de que un cambio de uso de suelo por otro que le elimina su potencial productivo, pudiera generar cierta carga impositiva y resarcir, al menos económica, la cancelación de un uso productivo de alimentos o de materias primas. Pero existen procesos más dañinos, no solo a la economía sino a la naturaleza, como es el caso de la erosión del suelo y la perdida por siempre, de más horizontes productivos, lo cual está ocurriendo en la mayoría de la superficie nacional.

Bajo este fenómeno no existen las posibilidades de establecer una carga impositiva que puede ser un paliativo a la perdida edáfica, entonces en las zonas erosionadas que se extienden en todo el país con diferentes grados de severidad, no existen programas gubernamentales federales o locales, que intenten poner una solución a este grave problema, el cual desde un perspectiva ambiental, resulta en la pérdida irreparable del sustrato de la cobertura vegetal, llámese de diferentes maneras: bosque, selva, desierto o agricultura. Ese fue el enfoque se vivió durante al año 2015, la protección del suelo, debido a los problemas asociados a su perdida, como es la disminución de la productividad, la generación de sedimentos y el azolve de ríos, lagos y presas, y enormes tolvaneras que alteran la calidad del aire de las poblaciones urbanas, principalmente.

Lo anterior omite, intencionalmente, el análisis de las nuevas formas extractivas de la industria petrolera, como es el método de fracking, el cual está mostrando severas consecuencias negativas en la calidad de los suelos, debido a la contaminación superficial de las aguas utilizadas en el proceso.

Sin embargo, la variable económica nunca fue ni ha sido considerada en las modificaciones y en la perdida de los suelos del mundo, entonces, desde la cúpula de las Naciones Unidas, existe un sesgo, quizás de manera inocente o siendo más crítico, con una profunda perversión, al ignorar los costos económicos que resultan de la perdida de la productividad edáfica, de los costos de la limpieza de ríos, lagos y presas por la acumulación de las particular minerales desprendidas del suelo, los cuales tienen otras implicaciones sociales, como son el desplazamiento de la población agrícola a los cinturones de miseria de las urbes, donde se habrá de tener más costos sociales, como la dotación de servicios, como salud, vivienda, educación y seguridad a una población, cada día más desarticulada, bajo un caótico crecimiento y con pasivos económicos impagables.

Este es un momento importante para la sociedad, la necesidad de reflexionar integralmente de cómo es la interacción hombre-naturaleza, donde el desarrollo y el crecimiento debe considerar en sus modelos económico, los costos asociados a las externalidades ambientales, a fin de generar modelos realistas, que puedan establecer un rumbo, menos incierto e inseguro, de las naciones.

Es momento irrefutable, de entremezclar interdisciplinariamente, el conocimiento de dos grandes ciencias: la Economía y la Ecología, las cuales de manera similar intervienen en los modelos interpretativos de los flujos de materia y energía, las que deben proponer a la Humanidad, la nueva forma de encarar el agotamiento y la perdida de los recursos, para armonizar su comportamiento con las necesidades de crecimiento y desarrollo de los pueblos que viven economías supeditadas a las grandes potencias. De otra manera, seguiremos encadenados a la adaptación equivocada de modelos externos a la realidad, que finalmente, habrán de comprometer y ensombrecer los futuros escenarios mundiales.

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