La creciente deuda mexicana | Debate Económico 10

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Recibido: enero 2015

Aceptado: febrero 2015

 La creciente deuda mexicana

Daniel González Sesmas[1]

El crecimiento económico es fundamental para alcanzar mejores estándares de calidad de vida de las personas y es uno de los objetivos de la economía. Los libros de texto señalan a la política fiscal y monetaria como mecanismos para hacer crecer la economía de un país. En esta ocasión pondremos el foco en la política fiscal. Los medios para hacer crecer un país a través de la política fiscal son primordialmente tres: reducción de impuestos, incremento del gasto público o una combinación de ambas.

Recientemente en México se modificaron las reglas fiscales, arrojando por un lado, menor disposición de dinero a los ciudadanos para su gasto, y por el otro, mayor dinero al gobierno para gastar. Lo anterior tiene muchas lecturas, incluso filosóficas. El sentido común nos diría que el gobierno sabe gastar mejor que los ciudadanos y por ello les quita parte del ingreso, o que la posible explicación de esto es que existen fallas en la asignación de recursos en la economía que, sin la intervención del Estado, se agudizarían (desempleo, pobreza, etc.).

Sin embargo, el incremento de impuestos no es la única vía para aumentar los ingresos del Estado, existe otro camino que es el de contratar deuda. La contratación de deuda no es mala por sí misma o se le tiene que ver con malos ojos, ya que, utilizada adecuadamente puede servir para reactivar la actividad económica en una etapa de recesión o depresión del ciclo económico. No obstante, si la misma no es manejada prudentemente se puede volver más un problema que en una solución. El dinero que ingresa vía deuda, puede ser canalizado a gasto de capital o gasto corriente; si se aplica en el primero, ésta a su vez generará mayor riqueza al país en un plazo más corto, ya que se está invirtiendo en alguna actividad productiva.

En el segundo caso, el efecto en el crecimiento del país estará en función de si el gasto corriente se destina a, por ejemplo, mejorar el sistema de justicia (policías, ministerios públicos y jueces mejor pagados) y consecuencia de ello se atraen nuevas inversiones al país y por lo tanto mayor crecimiento; o si el gasto corriente se destina simplemente a aumentar la burocracia, sin que ello tenga un efecto claro en el crecimiento de la productividad y en consecuencia en el crecimiento económico del país. Generalmente el gasto de capital tiene un efecto más directo y medible en el crecimiento económico que el gasto corriente.

En México, la deuda neta del gobierno -que representa mayor gasto y, adecuadamente utilizado, mayor crecimiento económico-, en el sexenio de 2006 a 2012, pasó del 29.8% al 37.7% del PIB a precios de mercado; es decir, se tuvo un crecimiento del 87.8% en dicho sexenio. Para 2014, la deuda neta representó el 43.7% del PIB nacional, y visto desde de 2006, ha crecido 137.5%. En contraste, el crecimiento de la economía mexicana ha sido, por decir lo menos, modesto o nulo en los últimos 30 años. En términos comparativos, para el periodo de 2006 a 2014, la economía mexicana ha crecido en promedio 2.4%, un crecimiento bajo según el potencial de la economía mexicana. Puesto en perspectiva, para el periodo 2006-2014, la deuda mexicana ha crecido más que la deuda de la economía española (127%), aunque la deuda de ésta representa el 64.8% del PIB español para 2014; en tanto que en Brasil la deuda creció 68.1% y representa el 34.1% en 2014, lo cual es bueno si consideramos que en 2006 representaba el 46.4%.[2]

El aumento de la deuda puede representar un riesgo para la economía mexicana en un escenario con tasas de interés altas, lo cual complicaría el pago de la misma y por lo tanto restaría dinamismo a la actividad económica, ya que se destinarían recursos al pago de deuda que bien podrían destinarse, por ejemplo, a la investigación y el desarrollo de nuevas tecnologías. Dicho escenario se puede presentar en un par de años si es que se vigoriza la actividad económica mundial y los bancos centrales –en aras de controlar la inflación- aumentan las tasas de interés.

Otro punto a reflexionar es, sin duda, el destino del dinero que se obtiene a través de la contratación de deuda. De acuerdo a datos del INEGI, tanto el gasto corriente como el de capital han aumentado; la clave es que el gasto de capital representó, en promedio, solo el 12% del gasto total (2006-2012), es decir, más del 80% se destina a gasto corriente. Adicionalmente, las licitaciones o adjudicaciones para hacer obra de infraestructura tienen precios inflados, las obras de algunos gobiernos locales son improductivas  -como el Guerrero Chimalli-, por lo que el impacto en el crecimiento económico es menor y ello provoca el fenómeno que actualmente tiene la economía mexicana: un mayor gasto, pero con crecimientos económicos modestos; lo anterior, debido, entre otras cosas, a la corrupción y a que se destinan a obras o procesos que no mejoran la productividad de la economía.

Para que se detone el crecimiento vía mayor endeudamiento del gobierno, no basta con gastar más, sino que el gasto debe estar destinado, principalmente, a mejorar la productividad de los factores de la producción, con ello, es más probable que se tenga un mayor impacto en el crecimiento económico del país.

[1] Maestro por la Universidad Nacional Autónoma de México

[2] Con datos del FMI y Banco Mundial, 2015.

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